Este es un libro sobre villanos y ciertamente no continúa la ruta del
acostumbrado pastoral de ficciones que se abanderizan por la versión
típica que se tiene de Balmaceda. Se postula, en cambio, que en él no
solo convive lo mejor de nuestros valores históricos, sino también lo
peor. Dualidad que en el más íntimo devenir anímico nacional (en ese
terreno de valores que la historia juzga en Balmaceda y en personajes
como Alessandri, Ibáñez, Allende y Pinochet) ha dividido a los chilenos
no solo en 1891 si no como una referencia ineludible en los avatares
crueles del siglo XX y XXI.