A través de su proyecto Gen 3, SpaceX pretende desplegar 100 000 nuevos satélites en órbita muy baja para multiplicar por diez las capacidades mundiales de conectividad. Esta infraestructura masiva busca sostener el auge de la inteligencia artificial, los robots autónomos y los centros de datos espaciales, ofreciendo velocidades superiores a la fibra óptica. Sin embargo, esta hegemonía tecnológica suscita vivas inquietudes entre los científicos, ya que amenaza con paralizar la astronomía terrestre mediante una contaminación lumínica sin precedentes. Frente a la competencia de Amazon, Elon Musk busca asegurar el control de la órbita baja, planteando un debate ético sobre la saturación del espacio en detrimento de la observación del Universo. La decisión final recae ahora en los reguladores estadounidenses, que deben arbitrar entre el progreso digital y la preservación del cielo nocturno.