En Hechos 8 vemos cómo Dios mueve agendas, conecta historias y dirige cada detalle con un solo propósito: que más personas entren en Su Reino.
Felipe fue sensible a la voz de Dios y obediente aun cuando no entendía todo. Dios lo llevó a un camino desierto para encontrarse con un hombre poderoso por fuera, pero vacío por dentro: el eunuco etíope. Este hombre tenía religión, recursos y conocimiento, pero su alma seguía sedienta. Hasta que alguien le explicó las Escrituras y le presentó no solo un pasaje… sino a una Persona: Jesucristo.
Este pasaje nos recuerda tres verdades centrales:
1. Dios hace conexiones soberanas para que el evangelio llegue a personas específicas.
2. Nada satisface al alma si no es Dios.
3. Cristo es mejor, y creer en Él de todo corazón trae salvación, gozo y una vida nueva.
Querer lo que Dios quiere es vivir atentos al mover de Dios, sensibles a la necesidad de las personas, y comprometidos a comunicar con claridad que Cristo es suficiente para salvar.