Esta porción nos habla sobre como la reconciliación y el vivir en la gracia se expresa por medio del fortalecimiento de la relación en la iglesia y pureza del creyente.
Una congregación fuerte es aquella que cada creyente acude a la gracia de Dios para perseverar, santificarse y ser ese eslabón que fortalece la cadena. Es la relevancia de ese poder de Dios obrando de manera individual en cada uno y que se verá reflejado en toda la comunidad de fe.
¿En qué medida debemos renunciar a las influencias que ponen en peligro nuestra pureza y nuestras convicciones? Las influencias no bíblicas o cristianas demandaban un intercambio continuo de ideas que pueden afectar nuestro estilo de vida, dependiendo de que tanto nos expongamos.
Al igual que la iglesia en Corinto, hay prácticas, ideologías, costumbres que pueden interferir en nuestra pureza y convicciones cristianas, y debemos tener la madurez necesaria para no justificarlas, sino todo lo contrario, reconocer que, si comprometen nuestra comunión con Dios, nuestra pureza, bondad, perseverancia es necesario dejarlas.
Cómo formamos parte de un cuerpo, la relación más significativa del creyente es la relación con Cristo y la relación con su cuerpo. Si la relación más importante para ti no es la relación con Dios, eso se verá reflejado en la relación que tienes con la iglesia. Podría comprender la unión al yugo desigual pero no justificarla. Un rasgo distintivo de la fe cristiana es la relación con el cuerpo.
En la relación con Cristo aprendemos a amar; en la relación con su cuerpo demostramos que realmente amamos; Cristo murió para reconciliarnos con Dios, pero también para reconciliarnos unos con otros; el yugo desigual no comparte ese propósito.
Dios nos llamó a ser perdonados, reconciliados con Él y a vivir como su pueblo santo. La gracia que nos salvó también nos transforma y nos llama a proteger aquello que más valor tiene: nuestra comunión con Cristo y con su iglesia. Examinemos nuestras relaciones, nuestras influencias y nuestras decisiones, preguntándonos si nos acercan más a Dios o si comprometen nuestra pureza, nuestra santidad y la relación con su cuerpo.