Finalmente, había llegado el tiempo en que Dios traería de vuelta a Jacob a la tierra prometida. Veinte años después de que Jacob había salido de Canaán ahora estaba regresando por el mandato del Señor. Pese a ello, un duro encuentro con su hermano Esaú lo esperaba al regresar, un encuentro que había sido largamente aplazado y el cual Jacob temía en gran manera.