El terreno bueno, la tierra buena, son los que dan fruto. Y Cristo, en la parábola de los cuatro tipos de terreno en Lucas 8, dice que la tierra buena es la que retiene la semilla, y da fruto con perseverancia. Esto no se logra con haber oído la Palabra de Dios una sola vez. Esto no es por escuchar una vez y haber asentido mentalmente al evangelio. Esto implica el acto de habitar en la Escritura, de permanecer en la Palabra de Dios, de crecer a través del ministerio de la Palabra, del ministerio del Espíritu Santo, y ser arraigados.