La Cuarta Petición: Danos hoy el pan nuestro de cada día.
El hecho de que nuestro Señor colocara en primer lugar tres peticiones que son orientadas directamente a los intereses de Dios debería indicarnos que debemos esforzarnos en la oración para promover la gloria de Dios (santificado sea tu nombre), para extender su Reino (venga tu reino) y para cumplir su voluntad (Hágase tu voluntad) antes de que se nos permita suplicar por nuestras propias necesidades.
Pero ahora estamos haciendo un cambio en la oración, primero Dios y ahora el hombre en general, no tanto mis necesidades personales sino las del hombre: La Primera se refiere a nuestras necesidades corporales (Danos - Plural, el pan); y la que sigue se refiere al alma (perdona nuestras ofensas).
Llegamos ahora al segundo tipo de peticiones, que nos conciernen a nosotros mismos, así como las anteriores se referían más directamente a Dios. Como pueden observar, el estilo de la oración ha cambiado. Antes era: «Tu nombre, tu reino, tu voluntad»; ahora es: «Danos, perdónanos y no nos dejes caer».
Esto nos enseña que, en la oración, como en todas las demás actividades de la vida, las preocupaciones temporales deben someterse a las espirituales.
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