Todos nacimos con un corazòn que cada vez se va endureciendo más y más, somos egoístas, lujuriosos, orgullosos, amantes al poder entre otros estados, por más que tratamos de manifestar afecto o compaciòn nunca nos alcanzará nuestras intenciones para ser hombres y mujeres con un corazòn que agrade a Dios. El profeta ezequiel declaró que vendría un día en que Dios haría en nuestras vidas un trasplante de corazón que el mismo quitaria el corazón endurecido por uno de Carne.