La gloria de Dios es la manifestación suprema de su ser, de su majestad y de su perfección infinita, es el resplandor de todos sus atributos, revelados en la creación, en la redención y, sobre todo, en Cristo, todo existe para glorificar a Dios; el propósito final de la creación, la historia y la salvación es hacer visible su gloria, en Cristo, la gloria de Dios se muestra de forma suprema, y el creyente es llamado a vivir para reflejar y exaltar esa gloria con todo lo que hace, vivir para su gloria significa reconocerlo como el centro de todas las cosas y rendirle adoración con cada aspecto de nuestra vida.