La Navidad revela de manera gloriosa la obra redentora y el poder de Dios que cumple fielmente sus promesas. La Navidad nos muestra la soberanía y fidelidad de Dios al cumplir sus promesas en Cristo. Para Dios nada es imposible, por lo tanto, nosotros al contemplar a Jesús, que es la manifestación del amor inmerecido de Dios hacia pecadores, debemos llenarnos de gozo y vivir para su gloria. La encarnación es la prueba suprema de que la gracia no depende de nuestra justicia, sino de Su voluntad eterna y perfecta. El Espíritu Santo guió cada detalle para preparar el camino del Salvador.