Muchos dudan de la resurrección porque es científicamente imposible. Pero, aún así existe mucha evidencia que tienen que explicar de una manera u otra. La verdad es que Cristo ha resucitado y por lo tanto eso ha cambiado todo.
En esta parábola vemos cuatro tipos de personas que responden al Evangelio de distintas maneras, los que tienen un corazón endurecido, un corazón superficial, un corazón dividido, y vemos también a los que tienen un corazón que da fruto.
Esta semana el texto sigue la misma idea respecto a quién es un verdadero discípulo. El texto nos hace tres preguntas en las que debemos reflexionar para seguir evaluando nuestra vida espiritual.
Muchas veces caemos en el error de creer que son los programas o sistemas los que producirán discípulos. Si bien los programas ayudan, no debemos olvidar que es la Iglesia la que vive en misión de hacer discípulos. Pero, ¿Quién realmente es un discípulo?
En todos los evangelios vemos los conflictos entre los fariseos y Cristo. Cristo esta obrando algo nuevo, abriendo acceso directo al Padre por medio de Él, para personas rebeldes y pecadores.
Muchos vemos nuestras circunstancias y pensamos que ellas son nuestro mayor problema. Cristo vino a solucionar nuestro verdadero problema: nuestro pecado. Nuestras circunstancias nos ayudan a ver nuestro verdadero problema.
En estos textos vemos como Jesús empieza a mostrar sus credenciales como ese Rey Mesiánico que Juan el Bautista había anunciado. Podemos ver claramente dos cosas de la actividad de Jesús al iniciar su ministerio: Su autoridad como Rey y su Misión como Rey.