Al meditar en el adviento, especialmente en la navidad y en la encarnación de Cristo, podemos recordar que ese fue el inicio de la consumación del pacto de Dios para redimir a la humanidad. Al ascender a la diestra del Padre, Cristo se ha encontrado digno de abrir los sellos de toda la historia de la redención y recibir por ello, toda la gloria, honra, poder, sabiduría y alabanza.