Cuando los médicos observan las placas de José Ramón Vélez Mendizábal se sorprenden al ver una bala de fogeo. «He consultado con los heridos de guerra, y me han dicho que no pasa nada, que puede estar ahí años» explica. Vélez tuvo mejor suerte que Germán. Los médicos no tenían esperanza, pero sobrevivió. El 8 de julio de 1978, en la plaza de toros de Iruñea, una bala le perforó el hígado, estómago e instestinos. «Me pasó entre la columna vertebral y la aorta, pero tuve suerte. La bala venía debilitada».