EMIGRANTE CANARIO
Rasgueo de guitarra en noche estrellada.
Aires de folias en varonil garganta,
aires de mi tierra, de mi tierra amada.
Corrí a la calle lleno de esperanza.
Se oyen ya lejos, no logro alcanzarla.
¡Llanto de mi madre! ¡Besos de mi amada!
Sentado en la acera de una calle extraña,
mis manos aprietan para que no salga,
para que no vuele a mi tierra amada
la triste paloma que en mi pecho mora.
Pero se me escapa y allá va volando,
cruzando países, cruzando los mares.
Ya se ven montañas, valles y riscales.
La añorada cuevita, el manzano blanco,
el mirlo en la higuera, las flores del patio...
Y allí mi abuelo, ¡tan triste, tan viejo!,
que sentado a la sombra del manzano blanco
abraza el timplillo, no puede tocarlo.
Su mente no atina, no aciertan sus manos
que vibren las cuerdas. Ya se le ha olvidado.
¡Ay! Si yo pudiera estar bajo el manzano.
Cómo le robaría al timple el abrazo
y le arrullaría con isas y folias,
aires de la tierra, de la tierra mía.