Un viaje presidencial implica el movimiento, aunque él no le perciba, de cientos de personas entre el personal de su ayudantía, de apoyo, de giras, de logística, de su oficina de prensa, de producción de televisión, de reporteros y camarógrafos, de las policías estatales y municipales y del personal militar que con toda razón protege sus reuniones, recorridos y hoteles, más la gente que acuda a verlo, charros neoliberales los calificó ayer, lo que potencializa el peligro de contagios, de lo que él no está exento, al contrario, por ser, como yo, del grupo más vulnerable por le edad y la salud.