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Buscamos refugio en tantas cosas sin apenas percatarnos. Cuando estamos aburridos o desesperanzados, ¿en dónde buscamos ayuda? La mayoría de las veces, en la vida diaria, esta clase de búsqueda la hacemos sin pensar demasiado. Así que hoy quisiera compartirte en qué nos refugiamos los budistas.
“No hay nada a lo que culpar, nada que ganar, nada que perder, nada que desear, nada que no desear, nada que percibir ni nada a lo que aferrarse”.
Quizá valdría la pena recordar estas palabras frecuentemente y disfrutar de la paz, de la tranquilidad, del alivio que nos producen: no hay nada a lo que culpar. No dejes de escuchar este episodio sobre El perdón.
Desafortunadamente, esta situación de endurecernos de corazón, recordar nuestro dolor y las razones de sentirnos ofendidos o heridos, podemos guardarlas toda la vida y hacer de ellas nuestro modo de vida.
¿Quién quiere preocuparse? Seguramente nadie. El asunto es cómo dejarlo de hacer, aquí, una idea (de muchas que vendrán).
Más allá del pequeño o gran problema que puedan representar las dificultades cotidianas, el tener una respuesta mental virtuosa nos conduce a salir del ciclo de sufrimiento, a llegar a la orilla de la liberación: esa respuesta es tu libertad y tu oportunidad de poco a poco, restarle fuerza a este oceáno. El tener una respuesta o actitud mental no virtuosa o negativa perpetúa nuestro sufrimiento. Nada más
Y poco a poco, sin darnos cuenta, nuestra mente nos tiende una trampa, una trampa sutil, disfrazada de amigo, de aliado, trampa sigilosa, pues, como son todas las trampas. Buda ilumina, nos muestra con su sabiduría la manera en que desarrollamos estados mentales negativos, también llamadas perturbaciones mentales, nos muestra cómo identificar qué pasa en nuestro interior, cómo surge, cómo se desarrolla, qué consecuencias tiene.
Consejos prácticos para una vida feliz y llena de significado.
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