Durante años Ana –que hoy ronda los 80– se ha dedicado en cuerpo y alma a cuidar de los suyos. Ahora, ingresada en una clínica, y con problemas de movilidad es a ella a quien cuidan. Ana tenía un deseo: ver el mar … y no solo lo vio: pudo bañarse y después recuperar fuerzas disfrutando de un pastel de carne y un helado frente a la primera playa que veían sus ojos, a pesar de vivir a solo 35 minutos. El deseo de Rafaela era poder viajar a Madrid para poder acompañar a su hija en sus últimos días. El de Zoila visitar por última vez a su familia, ver a su madre, abrazarla… y poder pisar la playa.
La magia puede adoptar muchas forma, más aún si hay personas dispuestas a hacerla posible. Porque magia es la palabra que mejor define la labor del grupo de personas voluntarias que forman la Fundación Ambulancia del Deseo. Profesionales, que en su tiempo libre, remueven cielo y tierra para hacer realidad los deseos de quienes saben que la vida se les escapa y a quienes la fundación demuestra que hay que seguir soñando hasta el último aliento. La Ambulancia del Deseo ya tiene nuevas coordenadas fijadas en el GPS: Este viernes, 12 de octubre, llega a Barakaldo para permitir a uno de sus vecinos regresar, por última vez, a lugares queridos de su infancia y juventud. Fue su hija, mujer que cree "en los imposibles posibles", quien se puso en contacto con la Fundación.