La huida se producía en cada pueblo, cuando se acercaba la amenaza de ser invadidos por los fascistas, de manera que unas localidades aguantaron más que otras.
En aquellos primeros días, las noticias que llegaban sobre las matanzas de obreros en los pueblos vecinos, provocaron la huida hacia Sierra Morena, ocultándose en el bosque, durmiendo al raso, en cuevas o en chozos de monte que hacían de manera improvisada. Mientras tanto, permanecían a la espera de lo que pasaba, con la esperanza de que el golpe fracasara y poder regresar a sus casas. Otras en cambio, corrieron el riesgo de mantenerse en sus casas del pueblo, siendo muchas de ellas, torturadas o asesinadas.
La toma de los pueblos por parte de los sublevados se fue sucediendo a lo largo del mes de agosto y septiembre. Algo que fue inevitable, debido a la superioridad de un ejército bien armado y sin escrúpulos, contra las armas rudimentarias de los obreros.
Por Manuel Moral