La apuesta de Feijóo es inequívoca: si él convence a los españoles de que no gobernará con Vox ni dependerá de ellos, tendrá una gran ventaja sobre un Sánchez que lleva en el lote a Podemos, a Bildu y a ERC.
La credibilidad de Feijóo solo tiene un agujero: Castilla y León. Si Mañueco no quiere convertirse en un lastre para su líder, debe echar a Vox del gobierno regional o, como mínimo, neutralizar todas su iniciativas con sesgo ideológico.
Esta semana debe hacerlo impidiendo la entrada en vigor de ese absurdo protocolo que ofende la inteligencia de las mujeres embarazadas al ofrecerles oír el latido del feto por si acaso se plantean abortar.