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Hoy estaremos leyendo Jueces 9 y 10, Juan 7 y el Salmo 71:1-12. En Jueces 9, vemos la trágica historia de Abimelec, hijo de Gedeón con una concubina, que mata a sus propios hermanos para proclamarse rey. Lo que comenzó con ambición, termina con división, violencia y destrucción. Su reinado no fue dirigido por Dios, sino por egoísmo.
En Jueces 9:56, se resume esta historia con una verdad clara:
"Así Dios castigó a Abimelec por el mal que había hecho contra su padre al matar a sus setenta hermanos" (NTV).
En contraste, en Jueces 10, el pueblo vuelve a caer en idolatría, adorando a los dioses de otras naciones. Pero cuando sufren la opresión, claman a Dios otra vez. Al principio, Dios les dice que clamen a sus ídolos, pero al ver su arrepentimiento genuino, su corazón se conmueve. En Jueces 10:16, dice:
"Y el Señor se angustió por la difícil situación de Israel."
Dios no se deja manipular, pero cuando hay un corazón quebrantado, Él responde con compasión.
Reflexiona: ¿Estás tomando decisiones desde el ego o desde la obediencia? ¿Hay áreas de tu vida donde has vuelto a lo que sabías que no te llena? ¿Estás dispuesto a rendirlo todo y clamar con sinceridad?
Juan 7 ocurre durante la fiesta judía de los Tabernáculos. Jesús aparece en medio de la celebración, y su presencia causa conmoción. Algunos lo acusan, otros lo admiran. Él enseña con autoridad, pero muchos no logran entenderlo porque están atrapados en apariencias, reglas y miedo al rechazo.
En medio de esa confusión, Jesús lanza una invitación poderosa. En Juan 7:37-38, dice:
"¡Todo el que tenga sed puede venir a mí! Todo el que cree en mí puede venir y beber. Pues las Escrituras declaran: ‘De su corazón brotarán ríos de agua viva’" (NTV).
Él hablaba del Espíritu Santo. Jesús no vino a ofrecer una religión más, sino una relación que sacia el alma y trae vida interior.
Reflexiona: ¿Tienes sed espiritual? ¿Estás escuchando a Jesús en medio del ruido de las opiniones y el miedo al qué dirán? ¿Estás bebiendo de Su fuente?
El Salmo 71 es una oración del corazón de alguien mayor, que ha caminado con Dios muchos años, pero que aún enfrenta oposición. En verso 5, declara:
"Oh Señor Soberano, solo tú eres mi esperanza; he confiado en ti, oh Señor, desde la infancia" (NTV).
Y en verso 9, clama:
"Ahora que soy viejo y canoso, no me abandones, oh Dios."
Hoy estaremos leyendo Jueces 7 y 8, Juan 6:27-71 y el Salmo 70. En Jueces 7, Dios reduce el ejército de Gedeón de 32,000 hombres a solo 300. ¿Por qué? Porque Dios no comparte Su gloria con nadie. Él quería dejar claro que la victoria no dependía del número, sino de Su poder. En Jueces 7:2, dice:
"Tienes demasiados guerreros contigo. Si dejo que todos ustedes peleen contra los madianitas, los israelitas se jactarán de que ellos mismos se salvaron con su propia fuerza" (NTV).
Con solo 300 hombres, trompetas, cántaros y antorchas, Israel derrota a un ejército inmenso. Porque cuando obedeces a Dios, aun lo que parece débil se convierte en instrumento de victoria.
En Jueces 8, Gedeón persigue a los reyes enemigos hasta el final. Pero también vemos señales de desgaste y orgullo, como cuando crea un efod de oro que luego se convierte en tropiezo para el pueblo.
Reflexiona: ¿Estás confiando en la fuerza de Dios o en tus propios recursos? ¿Estás terminando las batallas con humildad o dejándote seducir por el reconocimiento?
En este poderoso pasaje de Juan 6, Jesús habla con una multitud que lo sigue por el pan, no por la verdad. En Juan 6:27, los confronta diciendo:
"No se preocupen tanto por cosas que se echan a perder, como la comida. Pongan su energía en buscar la vida eterna que puede darles el Hijo del Hombre" (NTV).
Y luego se revela como el Pan de Vida. En verso 35, declara:
"Yo soy el pan de vida. El que viene a mí nunca volverá a tener hambre; el que cree en mí no tendrá sed jamás"(NTV).
Pero sus palabras escandalizan a muchos. Jesús habla de comer Su carne y beber Su sangre, refiriéndose a una relación profunda y sacrificial con Él. Muchos se ofenden. Y en Juan 6:66, uno de los versículos más tristes, dice:
"A partir de ese momento, muchos de sus discípulos se apartaron de Él y lo abandonaron."
Pero Jesús mira a los doce y les pregunta: "¿También ustedes van a marcharse?" Y Pedro responde con una fe que debemos hacer nuestra:
"Señor, ¿a quién iríamos? Tú tienes las palabras que dan vida eterna" (Juan 6:68, NTV).
Reflexiona: ¿Estás buscando a Jesús por conveniencia o por quién Él es? ¿Estás dispuesto a seguirlo cuando sus palabras desafían tus expectativas?
Salmo 70 es breve, pero intenso. Es una oración de urgencia. David no está en una temporada de calma, sino de necesidad. En verso 1, clama:
"Por favor, Dios, rescátame; Señor, date prisa en ayudarme" (NTV).
Aun así, en medio del peligro, David no se enfoca solo en sí mismo. En verso 4, declara:
"Pero que todos los que te buscan estén llenos de alegría y de gozo en ti."
Y termina con una confesión humilde y poderosa:
"Tú eres mi ayuda y mi libertador; oh Señor, no tardes."
Hoy estaremos leyendo Jueces 5 y 6, Juan 6:1-26 y el Salmo 69:27-35. En Jueces 5, Débora y Barac cantan un himno de victoria. No solo celebran la batalla ganada, sino que reconocen que fue Dios quien peleó por ellos. En Jueces 5:4-5, describen la intervención divina como un terremoto celestial. Y al final del cántico, en el verso 31, declaran:
"¡Que todos tus enemigos mueran, oh Señor! Pero que los que te aman brillen como el sol cuando sale con toda su fuerza" (NTV).
Este cántico nos recuerda que la adoración también nace cuando reconocemos que Dios ha estado con nosotros en la batalla.
En Jueces 6, el ciclo de desobediencia y opresión se repite. Israel clama, y Dios levanta a Gedeón, un hombre lleno de dudas, escondido y sintiéndose incapaz. Pero Dios lo llama con una frase que cambia todo. En Jueces 6:12, dice:
"¡Guerrero valiente, el Señor está contigo!"
Gedeón no se veía así, pero Dios lo llama no por lo que es, sino por lo que puede hacer a través de él.
Reflexiona: ¿Estás adorando a Dios por lo que ha hecho? ¿Estás viendo lo que Dios ve en ti, incluso si hoy te sientes escondido o inseguro?
En Juan 6, Jesús alimenta a una multitud de más de cinco mil personas con cinco panes y dos peces. Un milagro tan impactante que todos quieren hacerlo rey. Pero Jesús se retira, porque Él no vino a ser popular, sino a cumplir el propósito del Padre.
La gente lo sigue, pero Jesús confronta sus motivos. En Juan 6:26, dice:
"Me buscan porque les di de comer, no porque hayan entendido las señales milagrosas" (NTV).
Jesús revela que no basta con buscarlo por lo que hace, sino por quién es Él. Más adelante, se presentará como el Pan de Vida.
Reflexiona: ¿Estás buscando a Jesús por lo que puede darte o por quién es Él? ¿Estás satisfecho solo con pan, o quieres conocer al Pan de Vida?
En los versos finales del Salmo 69, después de clamar con intensidad, David comienza a declarar confianza y alabanza. En medio de las súplicas por justicia, brota adoración. En verso 30, dice:
"Entonces alabaré el nombre de Dios con cánticos, y le daré gracias" (NTV).
Y luego declara una verdad poderosa en el verso 33:
"Pues el Señor oye el clamor de los necesitados; no desprecia a su pueblo encarcelado" (NTV).
Esto nos recuerda que aunque la angustia nos rodee, Dios escucha, responde y se agrada de una alabanza genuina desde el quebranto.
Hoy estaremos leyendo Jueces 3 y 4, Juan 5 y el Salmo 69:18-26. En Jueces 3, comenzamos a ver el ciclo que se repetirá a lo largo de este libro: el pueblo peca, Dios permite que sean oprimidos, ellos claman, y Dios levanta jueces para liberarlos.
Uno de ellos fue Otoniel, luego Aod, y más adelante Samgar. Cada uno muy diferente, pero todos usados por Dios para traer libertad. Lo importante no era su perfil, sino su disposición. En medio de la oscuridad, Dios usó a hombres comunes para cumplir Su propósito.
En Jueces 4, aparece Débora, una profetisa y líder que guía a Israel junto con Barac. Dios da la victoria, pero la gloria no recae en un guerrero, sino en una mujer llamada Jael, que derrota al enemigo con una estaca de tienda.
Este relato nos recuerda que Dios usa a quien Él quiere, como Él quiere, cuando Su pueblo está dispuesto a obedecer.
Reflexiona: ¿Estás siendo parte de la solución cuando ves injusticia y pecado, o simplemente te estás quejando? ¿Estás dispuesto a ser usado por Dios, sin importar tu pasado o tu perfil?
En Juan 5, Jesús va a un lugar llamado Betesda, donde muchos enfermos esperan un milagro. Allí ve a un hombre que llevaba 38 años inválido. Y le hace una pregunta directa:
"¿Te gustaría recuperar la salud?" (Juan 5:6, NTV).
El hombre responde con excusas, pero Jesús no espera condiciones ideales. Él dice:
"¡Levántate, toma tu camilla y anda!" (verso 8, NTV).
Y el milagro ocurre… pero es sábado. Y los líderes religiosos, en lugar de celebrar, critican. Jesús entonces les revela que Él tiene autoridad, no solo para sanar, sino para dar vida y juzgar. En verso 24, dice:
"Les digo la verdad: todos los que escuchan mi mensaje y creen en Dios, que me envió, tienen vida eterna" (NTV).
Este capítulo nos muestra que Jesús no solo sana lo físico, sino que confronta corazones religiosos, y ofrece vida abundante y eterna.
Reflexiona: ¿Estás esperando un milagro sin responder al llamado de levantarte? ¿Estás escuchando a Jesús o atrapado en reglas que te impiden ver Su gracia?
En Salmo 69, David sigue clamando desde un lugar de profundo dolor. Pide a Dios que lo rescate, que no se aleje. En verso 18, dice:
"Acércate y rescátame; líbrame de mis enemigos" (NTV).
David describe cómo lo han humillado, avergonzado, perseguido injustamente. Está herido no solo por lo que le hacen, sino porque Dios parece guardar silencio. Sin embargo, él no deja de orar.
En los versos 22-26, David incluso clama por justicia contra los que lo han herido. Este tipo de oración sincera nos recuerda que Dios no espera que escondamos nuestras emociones, sino que las llevemos a Él con un corazón rendido.
Hoy estaremos leyendo Jueces 1 y 2, Juan 4:27-53 y el Salmo 69:9-17. El libro de Jueces comienza con acción: Israel continúa conquistando la tierra, pero pronto notamos una tendencia peligrosa. Aunque algunas tribus obedecen y avanzan, otras no terminan de expulsar a los enemigos, y dejan pueblos y costumbres que con el tiempo se convertirán en tropiezo.
En Jueces 1:28, leemos:
"Cuando los israelitas se hicieron más fuertes, obligaron a los cananeos a trabajar como esclavos, pero nunca los expulsaron por completo de la tierra" (NTV).
Lo que parece una decisión práctica, termina siendo un acto de desobediencia. Y en Jueces 2, Dios les recuerda el pacto y las consecuencias de no obedecer. En verso 2, dice:
"No debían hacer ningún pacto con los habitantes de esa tierra. En cambio, debían destruir sus altares. Pero ustedes desobedecieron mi mandato. ¿Por qué hicieron tal cosa?"
Y luego, en el verso 10, se describe un momento triste:
"Después de esa generación, murió otra generación que no conocía al Señor ni recordaba las cosas poderosas que Él había hecho por Israel."
Reflexiona: ¿Estás dejando áreas sin conquistar en tu vida? ¿Estás transmitiendo la fe a la próxima generación o se está apagando en tu entorno?
En Juan 4, Jesús acaba de hablar con la mujer samaritana, y ahora ella corre a su ciudad a decirle a todos: “¡Vengan a ver a un hombre que me dijo todo lo que he hecho!” Su testimonio impacta tanto que muchos samaritanos creen en Él.
Mientras tanto, Jesús continúa su camino y llega a Galilea, donde un funcionario del gobierno lo busca desesperadamente porque su hijo está enfermo. Jesús lo confronta y a la vez lo invita a creer sin necesidad de ver. En Juan 4:50, dice:
"Vuelve a tu casa. Tu hijo vivirá." Y el hombre creyó lo que Jesús le dijo y se fue."
Este hombre creyó antes de ver, obedeció antes de tener prueba, y el milagro ocurrió en el camino.
Reflexiona: ¿Estás dispuesto a caminar en obediencia aunque todavía no veas el resultado? ¿Estás compartiendo lo que Jesús ha hecho en ti, como lo hizo aquella mujer junto al pozo?
En Salmo 69, David sigue clamando desde un lugar de profundo dolor. Se ha convertido en motivo de burla por causa de su devoción a Dios. En verso 9, dice:
"El celo por tu casa me ha consumido, y las ofensas de los que te insultan caen sobre mí" (NTV).
Este verso, más adelante, será citado en referencia a Jesús, mostrando que los justos sufren por mantenerse fieles a Dios.
En medio de la angustia, David no se calla. Ora con honestidad y confianza. En el verso 16 clama:
"Respóndeme, Señor, porque tu amor inagotable es bueno. Mírame con ternura, porque eres tan compasivo"(NTV).
David no deja que su dolor lo silencie; él ora, confía y espera en la misericordia de Dios.
Hoy estaremos leyendo Josué 23 y 24, Juan 3 y Juan 4:1-26 y el Salmo 69:1-8. En Josué 23, después de muchos años de liderazgo, Josué convoca al pueblo y les da un mensaje final. Les recuerda que fue Dios quien les dio las victorias, quien peleó por ellos, quien cumplió Su promesa. Pero también les advierte: si se apartan, perderán la bendición.
En Josué 23:11, dice:
"Por su propio bien, asegúrense de amar al Señor su Dios" (NTV).
Luego, en Josué 24, Josué hace un resumen de todo lo que Dios hizo desde Abraham hasta ese momento. Y llega al momento de decisión. En Josué 24:15, dice:
"Pero si te niegas a servir al Señor, elige hoy a quién servirás... En cuanto a mí y a mi familia, nosotros serviremos al Señor" (NTV).
El pueblo responde con decisión, y Josué registra ese pacto. Porque la fe no es solo herencia, también es elección diaria.
Reflexiona: ¿Estás eligiendo servir al Señor con todo tu corazón hoy? ¿Hay algo que estás tolerando que podría alejarte de esa fidelidad?
En Juan 3, Jesús tiene una conversación profunda con Nicodemo, un maestro religioso que reconoce que Él viene de parte de Dios. Pero Jesús no responde con halagos, sino con verdad. En Juan 3:3, le dice:
"Te digo la verdad: a menos que nazcas de nuevo, no puedes ver el reino de Dios" (NTV).
Nicodemo se confunde, pero Jesús le habla del nuevo nacimiento por el Espíritu. Y luego, uno de los versos más conocidos en la Biblia aparece:
"Pues Dios amó tanto al mundo que dio a su único Hijo, para que todo el que crea en Él no se pierda, sino que tenga vida eterna" (Juan 3:16, NTV).
En Juan 4, Jesús rompe barreras culturales y religiosas al hablar con una mujer samaritana. Le pide agua, y le ofrece algo mayor: agua viva. En su conversación, Él revela su necesidad más profunda y luego le dice en Juan 4:23-24:
"Se acerca el tiempo —de hecho, ya ha llegado— cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad... porque Dios es Espíritu" (NTV).
Jesús no solo sacia, Él transforma. Él revela. Él llama a una adoración sincera desde el corazón.
Reflexiona: ¿Has nacido de nuevo, no solo en conocimiento, sino en experiencia? ¿Estás adorando a Dios desde un lugar profundo, honesto y rendido?
En Salmo 69, David clama desde una angustia intensa. Siente que se ahoga, que ha sido abandonado, que es objeto de burla. En verso 1-2, dice:
"Sálvame, oh Dios, porque las aguas me llegan hasta el cuello. Me hundo en el lodo profundo y no tengo dónde parar los pies" (NTV).
David está siendo honesto. Está agotado de esperar respuesta, pero aun así, dirige su dolor a Dios, no se queda callado ni se aísla.
Hoy estaremos leyendo Josué 21 y 22, Juan 1 y 2 y el Salmo 68:22-35. En Josué 21, se reparten las ciudades a los levitas, aquellos que no recibieron una herencia territorial como las demás tribus, porque su porción era servir al Señor. Pero aun ellos fueron cuidados por Dios con provisión específica y lugares asignados entre las otras tribus.
Y al final de este capítulo, encontramos una de las declaraciones más poderosas de todo el libro. En Josué 21:45, dice:
"Ni una sola de todas las buenas promesas que el Señor le había hecho a la familia de Israel quedó sin cumplirse; todo lo que Él había dicho se hizo realidad" (NTV).
En Josué 22, las tribus que ayudaron a conquistar la tierra regresan a sus territorios al otro lado del Jordán. Aunque surge un malentendido, finalmente se aclara con diálogo, verdad y temor de Dios. La unidad del pueblo es preservada por la sabiduría y la disposición de escuchar.
Reflexiona: ¿Estás creyendo que lo que Dios prometió, Él lo cumplirá en tu vida? ¿Estás caminando en obediencia y unidad con los que Dios puso a tu lado?
Entramos ahora al evangelio de Juan, y lo hacemos con una declaración celestial. En Juan 1:1 y 14, dice:
"En el principio la Palabra ya existía. La Palabra estaba con Dios, y la Palabra era Dios… Así que la Palabra se hizo hombre y vino a vivir entre nosotros" (NTV).
Jesús no solo es un gran maestro o profeta. Él es Dios mismo, hecho carne, habitando entre nosotros para revelarnos al Padre.
También se presenta como el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo (Juan 1:29), y como Aquel que bautiza con el Espíritu Santo (Juan 1:33).
En Juan 2, Jesús hace su primer milagro: convierte el agua en vino en una boda. Un acto lleno de simbolismo: el reino ha comenzado, la abundancia está aquí, y Jesús trae lo mejor al final. Luego, limpia el templo, declarando que su cuerpo sería el nuevo templo, y anuncia su muerte y resurrección.
Reflexiona: ¿Estás reconociendo a Jesús como el Hijo de Dios, el Cordero, el Rey y el renovador de tu vida? ¿Estás dejando que Él limpie tu templo interior y lo llene de su presencia?
En esta última parte del Salmo 68, el salmista celebra cómo Dios trae justicia, derrota a sus enemigos y fortalece a Su pueblo con poder.
En el verso 32 al 35, dice:
"Cántenle a Dios, reinos de la tierra, cántenle alabanzas al Señor. A Él que cabalga por los cielos eternos… Su poder es imponente… Dios de Israel, tú das poder y fuerza a tu pueblo. Bendito sea Dios" (NTV).
Hoy estaremos leyendo Josué 19 y 20, Lucas 24 y el Salmo 68:11-21. En Josué 19, continúa la distribución de la tierra entre las tribus de Israel. Lo que comenzó como una promesa en el corazón de Abraham, se está cumpliendo generación tras generación. Finalmente, en Josué 19:49, el mismo Josué recibe su herencia como líder fiel.
Y en Josué 20, Dios instruye sobre las ciudades de refugio: lugares establecidos para proteger a quienes, sin intención, habían causado la muerte de alguien. Allí podían huir, encontrar justicia y ser protegidos hasta tener un juicio justo.
Esto nos revela dos cosas:Primero, que Dios es un Dios de orden y detalle, que no se olvida de nadie.Segundo, que Dios es refugio para el culpable arrepentido y defensor del inocente.
Reflexiona: ¿Estás creyendo que Dios se acuerda de cada promesa que te hizo? ¿Estás confiando en Él como tu refugio seguro en momentos de fragilidad?
Lucas 24 es un capítulo que transforma la historia. Las mujeres van al sepulcro y no encuentran a Jesús. Dos ángeles les preguntan:
"¿Por qué buscan entre los muertos al que está vivo?" (Lucas 24:5, NTV).
Luego, Jesús aparece a dos discípulos en el camino a Emaús, les explica las Escrituras y parte el pan con ellos. Solo entonces lo reconocen, y sus corazones arden. Más adelante, aparece ante los discípulos, los anima, les muestra sus heridas y les recuerda que todo esto ya estaba escrito.
En Lucas 24:46-47, dice:
"El Mesías debía sufrir, morir y resucitar al tercer día. Se proclamará a todas las naciones que hay perdón de pecados para todos los que se arrepientan" (NTV).
Y termina con una promesa: "Les enviaré lo que mi Padre prometió… pero quédense en la ciudad hasta que sean revestidos con poder" (Lucas 24:49, NTV).
La resurrección no solo es victoria, es comisión, es misión, es empoderamiento para vivir y predicar con fuego.
Reflexiona: ¿Estás viviendo como alguien que cree que Jesús resucitó? ¿Estás esperando y caminando en el poder que Él prometió?
El Salmo 68 continúa exaltando a Dios como el vencedor y protector. En el verso 11 dice:
"El Señor da la palabra, y una gran compañía anuncia la buena noticia" (NTV).
Este versículo conecta directamente con lo que vimos en Lucas: Dios habla, y su pueblo anuncia. Somos parte de ese gran ejército que proclama las buenas noticias de salvación.
Luego describe cómo Dios dispersa a los enemigos, cómo guía a Su pueblo y cómo es temido por los reyes y poderoso en la batalla. En el verso 19 leemos:
"Alabado sea el Señor; cada día nos lleva en Sus brazos. Dios es nuestro Salvador" (NTV).
Él no solo gana batallas, Él lleva nuestras cargas día tras día.
Hoy estaremos leyendo Josué 17 y 18, Lucas 23:44-55 y el Salmo 68:1-10. En Josué 17, la tribu de Efraín y la media tribu de Manasés reciben su territorio, pero se quejan diciendo que no es suficiente. Piden más tierra porque son numerosos. La respuesta de Josué en Josué 17:17-18 es directa:
"Puesto que son tantos y tan poderosos, recibirán más. Pero tendrán que despejar la tierra montañosa… y echar fuera a los cananeos" (NTV).
Josué les recuerda que la promesa está, pero deben conquistarla con esfuerzo, fe y acción. Dios da, pero también espera que avancemos.
En Josué 18, otras siete tribus aún no habían tomado posesión de su herencia. Entonces Josué les pregunta en Josué 18:3:
"¿Hasta cuándo van a esperar para tomar posesión del territorio que les dio el Señor?" (NTV).
Una pregunta que también nos desafía hoy: ¿Qué promesas hemos recibido, pero seguimos posponiendo conquistar por miedo, comodidad o pasividad?
Reflexiona: ¿Hay áreas en tu vida donde estás esperando algo que Dios ya te ha entregado, pero que requiere acción de tu parte?
En Lucas 23, Jesús muere en la cruz. A partir del mediodía, el sol se oscurece, y el velo del templo se rasga en dos. En ese momento, la separación entre Dios y la humanidad queda eliminada.
En Lucas 23:46, Jesús clama:
"Padre, encomiendo mi espíritu en tus manos" (NTV).
Y al morir, el centurión romano reconoce lo que muchos no veían. Dice: “Este hombre era verdaderamente inocente”.
Luego vemos a José de Arimatea, un miembro del concilio judío que no estuvo de acuerdo con la condena, y por eso procede a pedir el cuerpo de Jesús para enterrarlo con respeto y valor.
Aunque Jesús murió, no fue un final trágico, sino el cumplimiento perfecto del plan de salvación. Su muerte abrió el camino para que tú y yo podamos acercarnos a Dios con libertad.
Reflexiona: ¿Estás viviendo cada día con la conciencia de que el velo fue rasgado? ¿Te estás acercando con confianza al Padre, sabiendo que Jesús pagó el precio por ti?
El Salmo 68 comienza con una imagen poderosa:
"Levántese Dios, y sean esparcidos sus enemigos" (verso 1, NTV).
Es un salmo de victoria, donde se presenta a Dios como un guerrero, un defensor, un Padre para los huérfanos y un libertador de los cautivos. En verso 5 y 6, dice:
"Padre de los huérfanos y defensor de las viudas… Dios coloca a los solitarios en familias y pone en libertad a los prisioneros" (NTV).
Hoy estaremos leyendo Josué 15 y 16, Lucas 23:1-43 y el Salmo 67. En Josué 15 y 16, se nos presenta la distribución de la tierra a las tribus de Judá y Efraín. A simple vista puede parecer solo geografía, pero si leemos con atención, vemos algo más profundo: Dios cumple lo que prometió, territorio por territorio, frontera por frontera.
Por ejemplo, en Josué 15:13, se menciona que a Caleb se le dio Hebrón, tal como Moisés lo había prometido. Caleb no solo recibió una tierra, sino el cumplimiento de una promesa personal después de muchos años de espera.
Aunque algunas zonas no fueron totalmente conquistadas, como se menciona en Josué 16:10, la fidelidad de Dios permanece. Él entrega las promesas, pero espera que nosotros tomemos posesión con fe, perseverancia y obediencia.
Reflexiona: ¿Estás viendo los detalles del cumplimiento de Dios en tu vida? ¿Hay promesas que Dios te entregó y que todavía estás llamado a conquistar?
En Lucas 23, vemos a Jesús siendo juzgado injustamente por Pilato, Herodes y la multitud. Aunque no encuentran culpa en Él, terminan eligiendo liberar a Barrabás y condenar a Jesús. La injusticia es evidente, pero Jesús no se defiende, no se resiste; se entrega por amor.
Mientras es crucificado, ora por sus enemigos. En Lucas 23:34, dice:
"Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen" (NTV).
Y en medio de la oscuridad del calvario, ocurre un acto de fe extraordinario. Uno de los criminales crucificados junto a Él le dice: “Jesús, acuérdate de mí cuando vengas en tu Reino.” Y Jesús le responde en Lucas 23:43:
"Te aseguro que hoy estarás conmigo en el paraíso" (NTV).
La cruz no solo fue un instrumento de castigo, fue el altar donde se ofreció gracia al pecador arrepentido.
Reflexiona: ¿Estás viendo la cruz solo como un símbolo religioso o como el lugar donde comenzó tu redención? ¿Has recibido esa gracia como lo hizo aquel ladrón que reconoció al Rey en medio del dolor?
El Salmo 67 es una oración misionera, un clamor para que la bendición de Dios no solo se quede en nosotros, sino que fluya hacia las naciones. En Salmo 67:1-2, dice:
"Que Dios tenga misericordia de nosotros y nos bendiga; que su rostro brille con favor sobre nosotros. Que se conozcan tus caminos en toda la tierra, y tu salvación entre todas las naciones" (NTV).
La bendición no es el final, es el medio para que otros también conozcan al Dios que salva, transforma y redime.
Y en el verso 7, concluye con una declaración de fe:
"Sí, Dios nos bendice, y el mundo entero lo temerá" (NTV).
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