“Pues dices tú, mecagüen diez,..”
Son las palabras con las que un señor de mi pueblo iniciaba e incitaba a la conversación cuando comenzaba a charlar con alguien.
Aparentemente es una expresión sin contenido, como una muletilla, pero que encierra un cúmulo importante de sentimientos. Invita al interlocutor, con una capacidad de escucha extraordinaria, a que se manifieste, a que cuente lo que le pasa, a hablar. Hace un convite también a la conversación pausada, tan rica y sabrosa en otros tiempos.