Buenas noches, resiliencia. Te escribe un aldeano que jamás te utilizó. Te leyó en algún libro y en artículos de prensa, incluso te escuchó en alguna tertulia de radio. Y últimamente te empecé a escuchar en discursos de nuestros gobernantes, pero pasé de ti, porque me parecías un término cursi, culterano y cursi, que nunca usaría un campesino de mi tierra.