Tratemos de definir qué es un héroe popular, para tomar conciencia de lo que significa Diego Maradona para quienes tuvimos la enorme dicha de ser sus contemporáneos: En primer lugar, un héroe popular es ante todo el protagonista de un relato colectivo, de un anhelo compartido. O mejor dicho: es una figura humana que ha sido capaz, a partir de su biografía, de sus hazañas, y también de sus contradicciones, incluso de su sufrimiento, de crear la imagen vívida de un pueblo. Segundo: el héroe es en muchos momentos de la historia el fusible y el refugio anímico de ese pueblo. Gritar –como un mantra– “Marado, Marado, Marado” o “Diego, Diego” fue siempre un mensaje contestatario, un grito de guerra. Y también un motor emocional, en las buenas y en las malas. En ese sentido no es accesorio sino absolutamente central, que Diego haya sido un héroe plebeyo, surgido de bien abajo. Y que haya llevado siempre con orgullo ese carácter insumiso e indomable. Tercero, el héroe popular enfrenta a los poderes de turno y pone en tensión la moral establecida, casi siempre cínica. Pero también, y esto suele ser incómodo, desafía a los dogmas de los movimientos más vanguardistas de una época. Porque el verdadero héroe popular no promete nada, ni calcula sus acciones sino que vive a plenitud. Y en sus aciertos, o en sus errores, expone en un teatro público, los dilemas irresueltos de una comunidad, incluso los que no tienen solución.