Hemos visto cómo la tecnología ha facilitado la difusión de lenguajes que no son cotidianos o comunes, sino que hacen parte de un dominio intelectual, teórico o académico, que, a menos de que se le de un tratamiento adecuado a esta información, las consecuencias de esta omisión podrían conllevar a la confusión, al malentendido, a que las personas asuman una identidad alrededor de la enfermedad, o que crean, incluso, que la cura frente al sufrimiento es una cuestión de un cumplimiento de "tips para ser feliz".