Si hay un lugar donde la movilidad debería cuidarse especialmente, probablemente sea el entorno de los colegios o de los centros escolares en general. Y sin embargo, durante mucho tiempo y lamentablemente actualmente, ha sido justo lo contrario. Las calles con mucho tráfico en las horas de entrada y salida, coches acumulándose, dobles filas, ruido, cierta sensación de caos, todo eso alrededor de un espacio donde lo que debería primar es la seguridad y el cuidado. Pero va más allá del tráfico. Hay algo que muchas veces pasa desapercibido. Cuando un niño no puede ir andando al colegio, cuando depende de lo que le lleven, pierde algo importante que es la autonomía, la relación con su entorno, la capacidad de moverse por su ciudad, la capacidad de aprender su ciudad. Y eso también educa, aunque no siempre seamos conscientes, porque intervenir en estos espacios no solo es mejorar la circulación, es decidir qué tipo de infancia queremos y qué papel tiene la ciudad en esta infancia.