Hay una tensión bastante interesante en muchas ciudades, aunque no siempre se hace explícito y tiene que ver con la velocidad. Durante mucho tiempo hemos diseñado o pensado, por lo menos, las ciudades para movernos rápido, con calles muy amplias, carriles muy amplios, recorridos directos, rectilíneos, pocas interrupciones. Pero claro, si tú priorizas la velocidad, pasan otras cosas. El espacio es menos amable, es más ruidoso, es más difícil de usar para otras actividades, para compartir, para vivir. Y ahí aparece otra cara, la habitación. ¿Qué es la posibilidad de estar, de caminar con tranquilidad, de usar la calle para algo más que desplazarse, para jugar, para estar, para entretenerse? No es que una cosa sea buena y la otra mala, pero sí que tenemos que buscar un cierto equilibrio y muchas veces sin darnos cuenta hemos inclinado demasiado la balanza hacia la velocidad.