Para seguir a Jesús, debemos dejar lo que no tiene coherencia y abrazar la verdadera sabiduría, que mueve los corazones y abre las puertas de la vida, diferente a la sabiduría de este mundo, que suele cerrar y endurecer los corazones, condenándolos a la esterilidad y a la muerte, que hace hombre infeliz.