Ricardo Fernández de la Puente, director de Relaciones Institucionales del Grupo Loro Parque, nos relata lo que ha sido el Congreso Internacional Sobre Papagayos de Tenerife.
Canarias, capital mundial de los papagayos
El XI Congreso Internacional sobre Papagayos de Tenerife, organizado por Loro Parque, ha reunido a 800 especialistas de 57 países en su 40 aniversario
Hay encuentros que se miden por sus cifras y otros que se explican mejor por los vínculos que son capaces de crear. El XI Congreso Internacional sobre Papagayos de Tenerife ha tenido ambas cosas. Durante cuatro días, 800 participantes de 57 países se han dado cita en Tenerife en torno a una pasión común y a un objetivo compartido: avanzar en el conocimiento de las psitácidas y transformar ese conocimiento en herramientas para su bienestar y conservación.
Organizado por Loro Parque y Loro Parque Fundación, el Congreso ha contado con el respaldo del Gobierno de Canarias, a través de Promotur Turismo de Islas Canarias; el Cabildo de Tenerife, a través de Turismo de Tenerife; y el Ayuntamiento de Puerto de la Cruz, instituciones que han acompañado una edición especialmente significativa, ya que esta conmemora el 40 aniversario del evento.
Unidos por el amor a la naturaleza
El ambiente empezó a sentirse antes incluso de que comenzaran las conferencias. El 14 de septiembre, la jornada de acreditaciones fue también la de los primeros abrazos, los reencuentros entre participantes habituales y las presentaciones entre quienes llegaban por primera vez a Tenerife. Más que un acto protocolario, fue la primera expresión de uno de los rasgos que ha definido al Congreso desde 1986: la combinación de conocimiento y convivencia
Un congreso que evoluciona de la mano de la ciencia
Si algo ha demostrado esta undécima edición es hasta qué punto ha evolucionado el conocimiento sobre los papagayos desde aquel primer encuentro.
Hace cuatro décadas, buena parte de la información disponible procedía de la observación y de la experiencia acumulada por los criadores. Aquella experiencia continúa siendo imprescindible, pero hoy dialoga con disciplinas altamente especializadas: genética, medicina veterinaria, tecnologías reproductivas, nutrición, bioseguridad, comportamiento, bienestar animal o enriquecimiento ambiental.
Ese cambio ha quedado reflejado en un programa científico que ha abordado los desafíos de las psitácidas desde perspectivas muy diferentes.
La calidad de las intervenciones tuvo su reconocimiento entre los propios asistentes. A lo largo del Congreso, los participantes pudieron votar a los ponentes que más habían destacado durante las jornadas. El más votado fue el Dr. Michael Lierz, director de la Clínica para Aves, Reptiles, Anfibios y Peces de la Justus-Liebig-Universität Giessen, cuyo trabajo recibió así el reconocimiento directo de la comunidad.
El Congreso dejó además un importante avance para la conservación: Tailandia enviará a Loro Parque Fundación una pareja de cacatúas palmeras stenolophus, una de las más raras del mundo, tras la firma de un acuerdo destinado a reforzar la red de seguridad de la especie y su incorporación a la mayor reserva genética viva de loros del mundo.
Conversaciones que continúan alrededor de una mesa
Una de las novedades que mejor refleja el espíritu del Congreso han sido los Leaders Breakfast, encuentros de formato reducido celebrados cada mañana antes del inicio de las sesiones.
Lejos del modelo tradicional de conferencia, estos desayunos han permitido compartir mesa con especialistas y debatir de manera directa. Un espacio que facilitó el intercambio de experiencias y conexiones profesionales entre participantes y expertos.
La Vera: donde la conservación puede verse de cerca
Si las conferencias mostraron la evolución teórica y científica de los últimos 40 años, las visitas diarias al Centro de Cría de Loro Parque Fundación, en La Vera, permitieron contemplar su aplicación práctica.
Cada una de las jornadas del Congreso incluyó una visita de participantes al centro, que alberga la mayor reserva genética viva de loros del mundo.
Para los congresistas, recorrer sus instalaciones significa acceder a un espacio extraordinario por la diversidad genética que custodia, pero también observar de cerca metodologías, instalaciones y experiencias que después pueden alimentar nuevos debates, investigaciones y proyectos de conservación.
Un Congreso que continúa más allá de las conferencias
La ciencia ocupó el centro del programa, pero la experiencia del Congreso no terminó al abandonar la sala de conferencias.
La noche del 15 de septiembre, el Lago Martiánez se transformó en escenario de la Tropical Night, un encuentro que llevó la convivencia entre participantes a uno de los espacios más emblemáticos de Puerto de la Cruz.
Un día después, el Congreso cambió el norte de Tenerife por el sur de la isla. La Beach Party en Siam Park trasladó a los participantes a otro de los proyectos emblemáticos del Grupo Loro Parque y añadió una nueva dimensión a una agenda social concebida para mostrar también algunos de los lugares más singulares de Tenerife.
Y el Hotel Botánico & The Oriental Spa Garden, que había servido de punto de partida con el cóctel de bienvenida, vuelve a cerrar simbólicamente el círculo con la Cena de Gala del 17 de septiembre, broche social de esta edición.
La ciencia se lleva a la práctica
La experiencia se prolonga además más allá de la clausura oficial. Del 18 al 20 de septiembre, Loro Parque acoge un programa de talleres especializados con un marcado carácter práctico.
Las jornadas están dedicadas respectivamente a cría a mano y manejo, nutrición y enfermedades, prevención y tratamientos, y reúnen a los mejores especialistas del sector. El formato está planteado para abordar casos concretos, compartir experiencia profesional y profundizar en cuestiones que requieren un tratamiento más aplicado.
Cuarenta años después, la misma pasión
El XI Congreso Internacional sobre Papagayos de Tenerife no ha sido únicamente la celebración de una trayectoria. Ha sido también una mirada hacia lo que viene. Una constatación de que, ante desafíos ambientales cada vez más complejos, la cooperación entre científicos, veterinarios, criadores y conservacionistas resulta más necesaria que nunca.
Y, cuarenta años después, Tenerife sigue siendo el lugar donde esa comunidad mundial vuelve a encontrarse.