Rafael Zamora, director científico de Loro Parque Fundación, que hablará sobre un interesante estudio que se ha llevado a cabo en la sede del Instituto Max Planck que tenemos aquí en el parque.
Los guacamayos de barba azul copian a sus congéneres en tareas bidireccionales: una posible vía hacia las tradiciones conductuales
Los guacamayos de barba azul (Ara glaucogularis), una especie de loro en peligro crítico de extinción y endémica de Bolivia, pueden aprender nuevas formas de resolver problemas físicos copiando a otros guacamayos, según un nuevo estudio publicado en Royal Society Open Science.
Un grupo de investigadores del Instituto Max Planck de Inteligencia Biológica, Seewiesen, en colaboración con Loro Parque Fundación, España, demuestra que los guacamayos hicieron algo más que simplemente sentirse motivados a acercarse a un objeto novedoso después de observar a otra ave interactuar con él. Copiaron características específicas de la solución demostrada, incluida la dirección del movimiento y la forma de manipulación.
Los resultados revelan posibles mecanismos mediante los cuales los comportamientos aprendidos socialmente podrían propagarse y convertirse en tradiciones compartidas dentro de los grupos.
Copiar los detalles de una acción
El aprendizaje por observación puede operar mediante diferentes mecanismos. Cuando un animal observa a otro resolviendo un problema, el individuo que realiza la demostración puede simplemente atraer la atención del observador o motivarlo a interactuar con un objeto novedoso. Sin embargo, mediante procesos de copia, como la emulación y la imitación, un animal puede aprender acerca de la funcionalidad de un objeto y de cómo manipularlo.
Esha Haldar y sus colegas estudiaron a 15 guacamayos de barba azul utilizando dos tareas bidireccionales de resolución de problemas. En la tarea de la «puerta», un panel deslizante podía moverse hacia ARRIBA o hacia ABAJO mediante un pomo fijado a la puerta. En la tarea del «tapón», un corcho podía ser EMPUJADO hacia dentro o EXTRAÍDO tirando de él para obtener alimento.
Cinco aves del grupo control resolvieron primero las tareas sin observar ninguna demostración. Todas mostraron una clara preferencia por mover la puerta hacia ABAJO y por EXTRAER el tapón. En la prueba posterior, diez guacamayos adultos y subadultos observaron a congéneres demostrando las soluciones alternativas no preferidas: mover la puerta hacia ARRIBA y EMPUJAR el tapón hacia dentro.
La mayoría de las aves experimentales adoptaron la solución demostrada de mover la puerta hacia ARRIBA, utilizando el mismo elemento relevante del dispositivo —el pomo—, a pesar de que ninguna de las aves del grupo control utilizó espontáneamente este método. Esto sugiere que las aves no se limitaron a sentirse atraídas por la tarea o motivadas por obtener el alimento. Adquirieron información sobre la forma específica en que otra ave había resuelto el problema.
El efecto fue menos pronunciado en la tarea del tapón, ya que la mitad de los individuos siguieron su tendencia natural a tirar de él. No obstante, las aves experimentales se acercaron y resolvieron ambas tareas con mayor rapidez, ahorrando tiempo y energía gracias al aprendizaje social.
Aprender técnicas de alimentación copiando a miembros experimentados del grupo
Los loros viven en sociedades altamente sociales en las que los individuos tienen numerosas oportunidades de observarse y aprender unos de otros. Tanto si un individuo adquiere un comportamiento mediante imitación, reproduciendo las acciones de otro individuo, como mediante emulación, aprendiendo sobre las posibilidades funcionales de un objeto, ambos procesos pueden dar lugar a que distintos individuos adquieran variantes conductuales similares.
Cuando estas variantes se transmiten repetidamente entre los miembros de un grupo, pueden convertirse en tradiciones conductuales compartidas.
«El hallazgo importante es que los guacamayos no aprendieron simplemente que el problema podía resolverse», explica la Dra. Esha Haldar, autora principal del estudio. «Copiaron detalles de la solución demostrada, como la dirección del movimiento y la parte del dispositivo que podía manipularse. Este tipo de aprendizaje social permite a los individuos adquirir técnicas eficaces de obtención de alimento de miembros experimentados del grupo, en lugar de tener que descubrirlas de manera independiente».
Un posible componente básico de la cultura animal
«Las técnicas de obtención de alimento transmitidas socialmente podrían, con el tiempo, llegar a ser compartidas dentro de los grupos y potencialmente dar lugar a tradiciones específicas de cada grupo», afirma la Dra. Auguste von Bayern, autora sénior del estudio. «Si los individuos pueden aprender de otros los detalles de comportamientos eficaces, estos comportamientos pueden propagarse dentro de un grupo y persistir a lo largo de generaciones. Esto proporciona una importante vía potencial para la aparición de tradiciones conductuales».
El estudio no demuestra la existencia de una tradición cultural establecida en los guacamayos de barba azul. Más bien, identifica un mecanismo importante que podría favorecer la transmisión cultural.
En conjunto, los resultados van más allá de las evidencias previas de que los guacamayos pueden copiar acciones arbitrarias y sin un objetivo concreto, y muestran que su aprendizaje social también se aplica a comportamientos dirigidos a objetos y orientados a un objetivo. En conjunto, estas capacidades podrían proporcionar una base para la transmisión y el mantenimiento de tradiciones conductuales en loros que viven en sociedades altamente sociales.