Muchos de vosotros habéis viajado a Lisboa a ver Eurovisión 2018 en coche y seguro que en algunas de vuestras paradas para repostar habéis visto expuestos los míticos discos de gasolinera. Un subgénero discográfico que oscila entre lo horripilante y lo horroroso y que ha ejecutado (en el peor sentido de la palabra) muchas de las más bellas canciones de la historia.
Y Eurovisión no se libra de ello, numerosas son las canciones que han pasado por el Festival y que han sido perpetradas por cantantes sordos, pianolas asesinas o acordeones que a la postre acabarían de teniente de alcalde de Benidorm.
Jorge Pérez nos abre las puertas de su Fonoteca para enseñarnos su colección más clandestina, la que da rienda suelta a su fetichismo más pervertido y que son las versiones más bizarras que se han realizado de canciones de Eurovisión y que ha amargado más de un viaje a la playa de Torrevieja