El verdadero hombre de Dios, siempre es conocido por sus frutos: la Palabra de Dios, lo que ense Cristo y los Apstoles; lo identifican. Ellos predicaron con poder: echaron fuera demonios, levantaron los desahuciados, los muertos resucitaron, los ciegos vieron, los mudos hablaron. El Evangelio de Cristo tiene que ser predicado, con la llenura del Espritu Santo: alabando a Dios.