En los últimos años la inversión de impacto ha ganado popularidad entre una amplia gama de inversores, incluyendo entidades financieras, fondos de pensiones, family offices, fundaciones, banca privada, instituciones financieras de desarrollo y particulares. Cada vez más inversores profesionales incorporan activos de impacto social en sus carteras de inversión para generar valor social.
Las fundaciones tienen un papel clave para resolver los grandes retos a los que nos enfrentamos en la próxima década, (transformación digital, desarrollo sostenible, inclusión social), puesto que pueden complementar la inversión pública, apoyando enfoques innovadores o invirtiendo en aquellos sectores en los que el sector público ha reducido su intervención.