Romance a mi padre, legado de vida
Recuerdo a mi padre siempre,
con las manos del trabajo,
con el rostro iluminado
y el corazón entregado.
Desde niño fui a su lado,
aprendiendo, paso a paso,
los caminos del oficio
y el valor de lo ganado.
No fue solo padre mío,
fue también fiel compañero;
muchas jornadas de lucha,
codo a codo, compartiendo.
Nunca faltó en nuestra mesa
ni el pan, ni el abrazo franco,
porque su vida entera fue
sacrificio y cuidado.
Daba igual la dura hora,
ni lo largo del cansancio;
si era por su casa y su gente,
seguía siempre trabajando.
Me enseñó más que un oficio,
me enseñó a mirar de frente,
a no temerle a la vida
ni a inclinar jamás la frente.
Y aunque el tiempo se lo llevó
al silencio de lo alto,
vive su voz en mis pasos
y su fuerza en mis manos.
Mas la vida, siendo joven,
por enfermedad lo ha llamado;
y aunque el dolor fue profundo,
no me dejó derrotado.
Hoy levanto la mirada,
sonriendo hacia lo alto,
porque sé que desde el cielo
él nos sigue acompañando.
Y guardo en mi corazón
la esperanza de ese abrazo,
cuando el tiempo, y Dios dispongan,
volver a estrechar su mano.
Joriel