En la segunda carta de Pablo a Timoteo, Pablo le dice, no sólo a su discípulo y compañero, sino a todos nosotros, qué es lo que le espera y cuál ha de ser su disposición en su vida dedicada a Dios: Esfuerzo, trabajo y lucha ante las penalidades que vamos a sufrir.
Pueden surgirnos muchas dudas y preguntas. ¿Quién? ¿Cómo? ¿Cuándo? ¿Dónde?...y todas conducen a la misma respuesta: Sólo a través de Jesucristo podremos alcanzar la salvación.
Con estas palabras, Jesucristo nos bendice a todos aquellos que somos Hijos de Dios sin necesidad de haber visto o tocado al Señor. Tomás, como el resto de discípulos, no creyeron que Jesús había resucitado hasta que le vieron.
Dios termina su obra con la resurrección de Jesús al tercer día, como había anunciado repetidas veces a lo largo de su ministerio.
Hoy es un día de alegría y de gozo inmenso. Gracias a la Gracia que Dios nos concede con el sacrificio de su Hijo Unigénito, nuestros pecados pueden ser perdonados.
Jesús ha sido sepultado antes de el día de descanso en un sepulcro entre los ricos. Esto es algo que estaba escrito desde varios siglos antes de su nacimiento. Todo lo que se profetizó sobre el Hijo de Dios se cumplió al pie de la letra.
El Mesías vino al mundo para morir por el perdón de nuestros pecados.