En la visión transpersonal, hablamos de dos energías fundamentales: la masculina y la femenina. La masculina está asociada a la acción, la dirección, la lógica y el control. La femenina, en cambio, se relaciona con la receptividad, la intuición, la creatividad y el fluir. Ambas son necesarias, pero cuando una predomina en exceso, aparece el desequilibrio. En muchas mujeres, la energía masculina se activa de manera desbordada, llevándolas a vivir en constante tensión.