Lamentablemente, no es que las masacres en Colombia sean nuevas, pero lo que sucedió el 15 de agosto del 2020 en la vereda Santa Catalina, en el municipio de Samaniego, Nariño, le corta el aire hasta al más acostumbrado al horror.
Pero, incluso con el aire escaso, las manos temblorosas, los susurros y el miedo, jóvenes de Pasto y de diferentes corregimientos de Nariño se organizaron para pintar un mural a gran escala y decir, sin palabras –como todo lo que se dice en tiempos de incertidumbre– que todavía quedan los pájaros y las montañas, los vecinos y los amigos, el amor y el arte, los recuerdos... la resistencia.