La Palabra Contemplada

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La Palabra Contemplada episodes

  • Todo Será Destruido – 33er Domingo Ordinario Ciclo C

     
    Nos encontramos ya casi en el final del año litúrgico que culmina la semana siguiente con la festividad de Cristo Rey.  La primera lectura viene del libro del profeta Malaquías, que es el último profeta en el orden canónico del Antiguo Testamento. El escribía por ahí del 5o siglo a.C. en los tiempos en que recién habían regresado los judíos del exilio de Babilonia. El mensaje del profeta es uno de aliento, porque en su regreso a la tierra prometida se encontraron con muchas dificultades, mucha desobediencia a Dios. Entre los pecados se encontraban los sacrificios deficientes por parte de los sacerdotes, y el divorcio de mujeres israelitas para buscar esposas extranjeras que adoraban a otros dioses. Ante todo esto, el profeta Malaquías nos dice: el día del Señor se acerca, en ese día  los malvados serán quemados, pero el Señor premiará a los justos. Este Día del Señor es precisamente lo que se refiere el salmista cuando nos dice: “el Señor llega para regir la tierra con justicia”
    En la segunda lectura de la Segunda Carta de San Pablo a los Tesalonicenses San Pablo escribe a una comunidad que estaba preocupada por la segunda venida de Cristo.  La iglesia primitiva pensaba que la parusía, la segunda venida de Cristo, era inminente, y si era así, pues no había necesidad de trabajar.  San Pablo los reprende y le dice que imiten su ejemplo, ya que él trabajo cuando estuvo entre ellos.  Pable nos dice: “el que no trabaje que no coma.” Claro, esto no aplica en nuestros días para personas que por causa de edad o incapacidad no pueden trabajar. Estas palabras van para los que pudiendo trabajar se quedaban con los brazos cruzados esperando la venida de Cristo.
    En la lectura del Evangelio de Lucas, los discípulos le preguntan a Jesús: cuando va llegar eso – la destrucción del templo, el fin del mundo, etc.  Y la respuesta de Jesús es “no se dejen engañar.”  Todas esas señales que Jesús menciona las vemos hoy, las vieron nuestros antepasados y las verán quizás nuestros hijos. Y lo que pasa es que el principio del fin comenzó con la venida de Jesucristo.  El vino a poner en marcha la ultima etapa de la historia.  Estamos de hecho en los últimos días. ¿Cuando va a ocurrir el final? Nadie lo sabe, y cualquier persona que proclame saberlo es un falso profeta.  Lo de echarles mano y ser entregados a los tribunales se cumplió con los apóstoles, como lo vemos en el libro de los Hechos de los apóstoles. Jesús nos está enseñando: todo lo que vemos a nuestro alrededor va a expirar, nada es eterno. Los discípulos admiraban la belleza del templo y Jesús les dice: no va a quedar piedra sobre piedra. Esto se cumple en el año 70 con la destrucción del Templo en la guerra entre judíos y romanos. “Todo será destruido.” Esto nos enseña a poner nuestros ojos ante las cosas eternas, las cosas de Dios, no ante los seres humanos y sus obras, que van a pasar. Hermanos y hermanas en este día propongámonos poner nuestra confianza en Dios ante las dificultades que nos encontremos, sabiendo que Dios es un Dios justo que premia a los fieles con el premio mas grande, no de riquezas que pasan, sino el premio de estar con Dios por toda la eternidad.  Que la paz de Dios los acompañe el día de hoy y siempre.


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  • Dios es un Dios de los Vivos, no los Muertos-32 Domingo Ordinario Ciclo C

    Preferimos Morir que Ofender a Dios
    La primera lectura de este domingo proviene del Segundo Libro de los Macabeos, libro que describe la resistencia del pueblo judío ante la invasión de los griegos en los años después de Alejandro Magno. La rebelión fue liderada por Judas Macabeo junto con sus hermanos, dándole el nombre a este libro. El pasaje de este domingo nos presenta los sufrimientos que estos jóvenes hermanos sufrieron a manos de los invasores quienes pretendían hacerlos romper la Ley de Dios. Con gran valentía ellos enfrentan estos eventos, negándose a faltar a la ley, aun sabiendo que les esperaba el martirio, y poniendo su confianza en Dios quien los restauraría en la otra vida. Esto nos da un gran ejemplo a seguir. Nosotros hoy en día no dudamos en hacer a un lado la práctica de nuestra fe cuando se vuelve en lo más mínimo incómoda. Su valentía es ejemplar y su fe demuestra que ya desde hace tiempo antes de Cristo los judíos ya creían en la resurrección, contrario a la creencia de los saduceos que Jesús enfrenta en el evangelio.
    Dios nos da la esperanza
    La segunda lectura de este domingo contiene unas hermosas palabras de San Pablo que nos mueven a la esperanza en un Dios que nos ama, y que sin nosotros merecerlo nos ha extendido la salvación. En otro pasaje de la Carta a los Romanos (5,8) el mismo Pablo nos dice que la prueba de que Dios nos ama es que Cristo murió por nosotros siendo nosotros aun pecadores. En esta lectura San Pablo también pide oraciones para el triunfo del Evangelio y para que Dios los proteja de los enemigos de Cristo. Dice San Pablo que la fe no es de todos, y esto es cierto también en nuestros días. La fe es un don de Dios, y muchos por descuido, ignorancia o malicia han bloqueado este precioso don. Por último el apóstol reza para que los Tesalonicenses y nosotros seamos tenaces hasta el final.
    Dios es un Dios de los Vivos
    En el evangelio de este domingo vemos a Jesús enfrentándose con un grupo conocido como los saduceos. Los saduceos se distinguían porque pugnaban por una fidelidad rígida a la Ley, rechazaban toda posibilidad de inmortalidad personal y estaban a favor de la cooperación con los romanos. Seguían solamente al Pentateuco como Sagrada Escritura. Eran la elite del templo y los lideres de la sociedad. Aquí le presentan a Jesús con una situación patentemente absurda basada en la ley del levirato descrita en el libro del Deuteronomio 25,5. La contestación de Jesús defiende y reafirma la realidad de la resurrección explicando que aquí en la tierra el matrimonio existe y es orientado para la propagación de la raza humana, pero esto obviamente no es necesario en el cielo. Dios es un Dios de los vivos, y él nos restaurará a la vida al final de los tiempos, como profesamos en el Credo cada domingo.
    En este domingo la Iglesia nos invita a reflexionar en la resurrección. La posibilidad de nuestra resurrección proviene de la Resurrección de Jesús que nos da la salvación. Creer en la resurrección debe tener consecuencias en nuestra vida. Si vivimos de acuerdo a esta fe, entonces tenemos la certeza que la maldad en que vivimos rodeados no tiene la última palabra. La resurrección significa que Dios ha vencido a la muerte, y que nosotros compartimos en esta victoria.
    Que la fe en la Resurrección nos llene también a nosotros de valor para enfrentar las dificultades y nos llene de una esperanza segura en el triunfo de la cruz. Que Dios nos guie siempre hacia este victoria.
     
     


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  • El HIjo del Hombre Vino a Buscar y Salvar lo Perdido – 31 Domingo Ordinario CicloC
    Las lecturas de este domingo nos muestran a un Dios que nos da amor, el perdón y la misericordia, y en Zaqueo, la prontitud que debemos tener en buscarle.
    La primera lectura nos enseña de manera poética sobre el amor, la misericordia y el cuidado que Dios tiene para nosotros. El Dios que el libro de la Sabiduría nos describe es un Dios que nos ama, y su amor es la razón, el motivo, el eje en el que toda la creación gira. Muy bien nos enseñó el santo papa Juan Pablo II que Dios nos creó únicamente por amor, y por ende nuestra vocación es a amar. El pasaje nos muestra un Dios que nos perdona, que poco a poco nos corrige para que nos volvamos a él. El Dios que nos presenta este libro es un Dios que no solamente nos crea, sino que también nos mantiene en existencia. Dios nos ha compartido de su ser, nos ha dado el aliento de vida, ese aliento incorruptible que es nuestra alma creada por Dios y que nunca será destruida. No podemos dejar de proclamar la verdad que nos enseña la Palabra viva de Dios: Dios, que aborrece el pecado, ama al pecador y desea su salvación.
    En la segunda lectura tenemos el ejemplo de San Pablo a orar para que nuestra vocación brinde frutos abundantes. Sea cual sea nuestra vocación, debemos consagrarla a Dios, para que él nos la bendiga y se pueda llevar a cabo su voluntad en nosotros. Sin nuestras súplicas a Dios es imposible que se realice nuestra vocación. La oración nos brinda esa ayuda que necesitamos. El realizar nuestra vocación nos hace felices y glorifica a Dios. Nos hace felices porque seguir nuestra vocación cumple la razón de nuestra creación, y glorifica a Dios porque se realiza su santa voluntad en nosotros. Hacia el final del pasaje nos habla Pablo de la segunda venida del Señor Jesús, exhortando a los fieles a no tener ansiedad alguna al pensar que ese día era inminente. Nos acercamos al final del año litúrgico, y las lecturas de la misa comienzan a tomar un tono escatológico. Es importante recalcar este mensaje el día de hoy donde todavía hay charlatanes que dicen saber el día preciso. Nadie sabe ni el día ni la hora, así que haz a un lado cualquier ansiedad al respecto.
    En el evangelio de este domingo Lucas nos presenta el encuentro de Jesús con Zaqueo. Al igual que uno de los protagonistas del domingo pasado, Zaqueo era publicano, es decir, recaudador de impuestos. No sólo un recaudador común y corriente, Zaqueo era jefe de publicanos. Sabemos que los que practicaban este oficio eran odiados por el pueblo, al ser colaboradores con los invasores romanos. Aparte de esto, los romanos les permitían cobrar una porción por encima de lo requerido para cubrir su salario, lo que sin duda daba entrada a abusos. Con todo, Zaqueo había oído sobre Jesús y se dispone a verlo, sin importar incluso subirse a un árbol para lograrlo. Los términos que usa Lucas para ilustrar la acción nos demuestra la urgencia de la conversión de Zaqueo: se adelanta “corriendo”, Jesús lo exhorta “baja pronto,” se baja “pronto.” No faltan los murmuros de la gente al Jesús pasársela en compañía de pecadores. La restitución que Zaqueo ofrece va más allá de lo que requería la ley (ver Lev 5,24), mostrando la gratitud del corazón convertido hacia Dios. La Palabra de Dios este domingo nos quiere demostrar la grandeza del perdón misericordioso de Dios. Nadie está fuera de su alcance, incluso los más grandes pecadores se pueden arrepentir y responder de gran manera al amor de Dios como lo hizo Zaqueo. Nosotros que tenemos la dicha de conocer a Dios debemos aprender a ser prontos a reaccionar a la salvación que hemos recibido. Por eso los cristianos tenemos la alegría, ya que sabemos que tenemos un Dios que ha mandado a su hijo que ha venido a restaurarnos la salud.
    En este domingo decide el establecer una rutina definitiva de oración para poder así consagrarnos a Dios y que esta oración nos lleve como Zaqueo a la alegría de convertirnos a Dios.
     


    16 min
  • La humildad en la Oración-30 Domingo Ordinario Ciclo C

    En las lecturas de esta semana nuestro Dios quiere recordarnos la importancia de la humildad en la oración. Pidamos a Dios un corazón humilde para que nuestra esperanza esté centrada en él y no en nuestras cualidades.
    La primera lectura de este domingo continua la trama de las lecturas de la semana pasada con el tema de la persistencia ante un juez, pero esta vez Dios es el juez. En contraste con el mal juez del domingo pasado, el Señor es el prototipo buen juez que no se deja llevar por las apariencias o por la posición social de los que están siendo juzgados. Los jueces terrenales pueden caer en la tentación de ser sobornados por los ricos para detrimento de los pobres, pero no es así con nuestro Dios. El no menosprecia al pobre, sino mas bien escucha al humilde. Unido a la enseñanza de la persistencia en la oración, este pasaje nos enseña que la oración debe hacerse en humildad ya que la humildad impulsa nuestras oraciones hacia el cielo.

    En la segunda lectura San Pablo ve como inminente el momento de su muerte. Su labor apostólica le permite comparar a su muerte con una libación, que es una ofrenda donde se derramaba alguna bebida en culto a los dioses. Su muerte al servicio del Reino es como un sacrificio ofrecido a Dios por nuestro beneficio. La vida cristiana es como una larga carrera, y llegar al cielo es llegar a la meta. En las olimpiadas se les entregaba a los victoriosos una corona de laureles, que es lo que aquí San Pablo compara con el triunfo de llegar a su meta. También aquí la segunda lectura tiene lenguaje jurídico, con el Señor como justo juez que lo juzgara rectamente.
    La segunda parte de este pasaje habla de la soledad experimentada por el apóstol en la parte inicial de algún juicio en que él se encontraba envuelto. Nadie estuvo presente para atestiguar a su favor, sin embargo el Señor que lo envió en esta su misión es el que lo habilita para su ministerio. San Pablo, al igual que Jesús y Esteban, ora por aquellos que se le opusieron. La convicción de Pablo de que Dios lo libraría de todo mal se refiere no a evitar su muerte, sino a la gracia de Dios de resistir toda tentación, así como la gracia de la perseverancia al final de la vida.

    Con el pasaje del Evangelio de Lucas de este domingo, Jesús y su Iglesia continúan su enseñanza sobre la oración. Como hemos estado aprendiendo, la oración debe ser persistente y llena de fe y confianza en Dios. A esto hoy le añadimos que la oración debe de ser humilde. Dios rechaza la oración del fariseo porque esta llena de egoísmo (¡“te doy gracias porque no soy como los demás”!) y está centrada en sí mismo. El que se cree bueno, como el fariseo, no tiene necesidad de Dios. Por el contrario, la oración del pecador publicano es una donde se reconoce como pecador. Mas el que es humilde y reconoce su pecado puede darle entrada a Dios, y Dios por su parte es incapaz de negar la petición hecha por un corazón humilde. Por eso debemos examinar nuestro corazón para no caer en la tentación del fariseo y creernos buenos. No podemos creernos mejores porque somos misioneros o maestros o evangelizadores y otros no. Nuestro sentimiento al participar en estos apostolados debe ser uno de profundo agradecimiento y humildad al reconocer que Dios nos acoge, aun sin ser dignos. El mensaje del evangelio es constante: debemos ser humildes, porque Dios eleva al humilde y rebaja al orgulloso. En esta semana pidámosle a Dios nos de una propia valoración de nuestra persona y que no nos permita volvernos de corazón duro como el fariseo.



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    15 min
  • Oren Sin Cesar-29 Domingo Ordinario Ciclo C
    Las lecturas de este domingo nos enseñan la necesidad de la persistencia en la oración para tener el deseo de realizar la voluntad de Dios.
    En la primera lectura de este domingo oímos sobre el pasaje del ataque del pueblo de Amalec contra los Israelitas durante su exódo de la tierra de Egipto. Por este acto tan vil los amalecitas son considerados enemigos de Israel y eventualmente Dios ordena su destrucción en manos de Saúl, primer rey de Egipto (ver 1 Sam 15,2-20). La desobediencia de Saúl al no destruir por completo a los amalecitas causa que Dios lo rechace como rey de Israel y escoja entonces a David. La lectura de este domingo nos presenta el famoso pasaje donde estaban en batalla los israelitas y los amalecitas y mientras Moisés mantuviera los brazos levantados, la batalla iba a su favor. Eventualmente se cansan sus brazos, y entonces tienen ayudarle Aarón y Jur para mantener sus brazos en alto el tiempo suficiente para que la batalla se decida a su favor. Hay varios mensajes que saltan para nuestra consideración. Al igual que con Moisés y los israelitas también nosotros, mientras vivamos alabando a Dios con los brazos en alto, ningún enemigo nos puede vencer. Como Moisés con brazos fuertes resistió hasta ganar la batalla, también nuestra fe en el Señor necesita ser fuerte. Otra lección es que como Moisés necesitó ayuda para alzar los brazos, nosotros también a veces necesitamos la ayuda de alguien para mantenernos firmes en el camino recto del Señor. No trates de ganar todas las batallas solo, también Moisés necesito la ayuda de Aarón y Jur.
    En la segunda lectura el apóstol Pablo exhorta a su fiel acompañante, el joven Timoteo, a mantenerse firme en la fe, teniendo entre las razones para esta firmeza las fuentes de donde aprendió esta fe: su madre y San Pablo mismo. Los Hechos de los Apóstoles nos revelan que Timoteo era hijo de una madre judía llamada Eunice y de un padre griego (Hch 16, 1-2). Su nombre, que significa honor a Dios, aunque es griego, revela la fe de su madre en el Dios de los judíos. Esto nos enseña la importancia de educar a nuestros hijos en la fe, empezando por nombrarlos con un nombre que honre a Dios, ya sea por su significado (como en el caso de Timoteo), o porque esté ligado a la vida de un santo al que busquemos emular por su fe en Dios. Si Timoteo se convirtió en tan grande ayuda para el apóstol fue gracias a la formación en la fe que seguramente su madre le procuró, logrando que el joven Timoteo desde niño conociera las Sagradas Escrituras. ¿Cuántos padres faltan a esta labor hoy en día? No les enseñamos la fe a nuestros hijos, y después nos lamentamos por lo descarriados que se encuentran. El estudio de las Sagradas Escrituras nos llena de la verdad de Dios y nos conducen por una senda segura hacia él. Finalmente, Pablo solemnemente le deja a Timoteo y a nosotros los Cristianos el encargo de predicar la Palabra de Dios en todo tiempo y en todo lugar.
    En el pasaje del evangelio de este domingo San Lucas nos comparte uno de sus temas favoritos que es la importancia de la oración, la oración insistente. La lección de esta parábola es que si hasta un mal juez accede a darle un juicio favorable a la persona insistente, ¿cuánto mas nuestro Padre Dios accederá a nuestras peticiones cuando las hacemos con insistencia y son para nuestra salvación? También tiene este pasaje el final de las recomendaciones de Jesús a estar alerta ante su segunda venida. Si eres un cristiano, y rara vez haces oración te puedo ofrecer unas buenas razones para hacerla. Primero, Jesús nos lo enseñó. El sabe y desea lo que es mejor para nosotros, y por eso nos dejó su gran regalo del Padre Nuestro que nos enseña como dirigirnos al Padre. Otra razón que puedes considerar es que el orar ejercita y aumenta nuestra fe. Se requiere fe en Dios para orar, y el orar hace que crezcamos en esta fe. La oración es indispensable porque con ella expresamos nuestra dependencia en Dios.
    16 min
  • La gratitud agrada a Dios-28 Domingo Ordinario Ciclo C
    Las lecturas de este domingo nos hablan de la gratitud que debemos expresarle a Dios ante las obras maravillosas que él realiza en nuestras vidas, comenzando con el darnos la vida natural, así como también la vida supernatural de la gracia en Cristo.
    En la primera lectura oímos la historia de Naamán, un general del ejercito sirio que sufría de lepra. Le llega la noticia de que un profeta de Israel realiza grandes obras, y acude a su encuentro. El profeta es Eliseo, quien recibe a Naamán y le indica que debe lavarse en el río Jordán siete veces. Inicialmente Naamán se rehúsa, ya que esta indicación no era lo que él se esperaba, y además siente un cierto sentido de superioridad que le impedía pensar que algo así pudiera pasar en un río de Israel. Finalmente cambia de parecer ante la insistencia de sus siervos y se va a lavar siete veces en el río Jordán. Al realizarse el milagro de su curación, Naamán es conmovido a una fe en el Dios de Israel y en gratitud le ofrece a Eliseo un regalo. El profeta Eliseo rechaza el regalo, pues él era diferente a los profetas falsos que recibían todo tipo de regalos y se enriquecían por su posición. Finalmente, Naamán pide llevarse un poco de la tierra de Israel donde habita el Señor vivo para llevársela a Siria, y así poderle adorar después. Este pasaje lo interpreta la Iglesia como una prefiguración al Sacramento del Bautismo, instituido por nuestro Señor Jesús en este mismo río Jordán. El bautismo también nos lava de la enfermedad que es el pecado y nos da la salvación a todos, cosa que también es prefigurada en este pasaje, al sanarse Naamán, un no-judío. Tres cosas se requirieron de Naamán para su cura, y tres cosas que también son indispensables para nuestra salvación: humildad, fe y gratitud. El gran general va acompañado de sus carros y sus caballos, esperando ser recibido y tratado con la debida pompa y circunstancia. En lugar de esto, Eliseo ni siquiera lo recibe, enviando las muy simples instrucciones para Naamán por medio de un siervo. Naamán tuvo que tragarse su orgullo y desplegar una confianza de que el profeta era en realidad un enviado de Dios. Ante la curación Naamán es agradecido y busca recompensar al profeta.
    En la segunda lectura San Pablo le propone a Timoteo como ejemplo a Jesucristo, descendiente de David y resucitado de entre los muertos. Como descendiente de David Jesús es el cumplimiento de las promesas de Dios de que un hijo de David reinaría para siempre. Con su resurrección Jesús nos muestra que es el hijo amado de Dios, que ha triunfado sobre la muerte y nos muestra la salvación. La persecución que San Pablo ha sufrido la ha venido soportando porque la persecución y el sufrimiento nos configuran a Cristo y sirven también como testimonio para atraer a otros hacia él. Para San Pablo morir por Jesús es un vivir con él. La recompensa de una vida entregada al servicio de Dios es una unión eterna con él en el cielo.
    En el evangelio de este domingo San Lucas nos relata el episodio de la cura de los diez leprosos. Ellos iban a la distancia, ya que la Ley de Moisés indicaba que los afligidos por la lepra debían vivir fuera del campamento donde vivían los demás. Desde la distancia le gritan a Jesús pidiendo compasión por su estado. Antes de sanarlos, Jesús les ordena presentarse ante los sacerdotes en el templo, cosa que también era requerida por la Ley, para certificar una curación. Ellos muestran una gran fe en Jesús al cumplir su mandato, estando aun enfermos. Encaminados a cumplir el mandato de Jesús se realiza su sanación, y mientras nueve de ellos siguen su camino, uno se regresa a darle gracias a Jesús. Jesús lo encomienda por su gratitud, que también le gana el regalo no solo de la salud, sino también el de la salvación.
    Hermanos y hermanas, Dios quiere nuestra salvación y nuestra salud. El nos mandó a su hijo para darnos las dos cosas, basta que lo llamemos y le pidamos que nos sane. Como los leprosos,
    16 min
  • Señor aumenta nuestra fe – 27o Domingo Ordinario Ciclo C

    Las lecturas de este domingo nos enseñan a confiar en la salvación de nuestro Dios, rezando siempre: «Señor aumenta nuestra fe» y a ser humildes en nuestro servicio a Dios.
    La primera lectura de este domingo proviene del libro del profeta Habacuc; uno de los ocho profetas menores. Se les denomina menores no por una menor importancia en su mensaje, sino más bien por su extensión en comparación con los profetas mayores como Jeremías, Isaías, Ezequiel, Daniel, etc. Habacuc escribe justo antes de la conquista del Reino de Judá por Babilonia, y el contenido de su carta trata de la lucha del profeta por entender la existencia del mal con estos eventos como una forma de castigo divino. En este pasaje al principio de su profecía escuchamos las palabras de lamento del profeta, palabras que toda persona de bien ha clamado a Dios en medio del sufrimiento por la maldad que nos rodea: ¿hasta cuando Señor durará esta maldad y esta violencia? La respuesta de Dios es clara y contundente: el justo que sigue los caminos de Dios se salvará, mientras que el malvado perecerá. Estas son palabras de aliento para nosotros permanecer siempre fieles a Dios, sin importar las dificultades a nuestro alrededor. Nuestro premio no está en este mundo, nuestro destino es la Tierra Prometida, la Jerusalén celestial.
    En la segunda lectura por igual oímos palabras de aliento ante los sufrimientos. San Pablo escribe estas palabras a Timoteo exhortándolo a mantener siempre viva la gracia que éste recibió por el Sacramento del Orden. Por la imposición de manos Timoteo recibió como todo obispo el encargo de representar ante la comunidad a Cristo como maestro, pastor y sacerdote (ver CIC 1558). A través de estos preciosos regalos que son los sacramentos Dios nos da su gracia y todo tipo de dones que necesitamos en nuestra misión como cristianos. Sólo su gracia nos sostiene ante los sufrimientos de esta vida. Con los sacramentos, como bien dice Pablo, Dios nos ha dado fortaleza, caridad y templanza. Pero no basta con solamente recibir estos regalos que son los sacramentos, hay que vivirlos, afirmarlos y renovarlos continuamente. El final del pasaje que oímos este domingo habla de la enseñanza que recibió Timoteo de parte de Pablo. Como vemos aquí, la enseñanza proviene no solamente de lo que está escrito en las Escrituras, sino también de la proclamación oral, las palabras de Pablo y de todo obispo en unión con Pedro a través de la historia. Esta predicación oral forma parte de lo que aquí Pablo, y la Iglesia desde entonces llama “depósito de la fe” (ver CIC 76)
    En el evangelio Lucas nos comparte palabras que deben ser parte del vocabulario de oración de todo cristiano: “aumenta nuestra fe.” Estas simples palabras deben vivir siempre en nuestro corazón y ser expresadas por nuestros labios ya que sabemos que no amamos a Dios como debiéramos, no le agradecemos todo lo que nos da y no le rezamos como se lo merece. No debemos caer en la presunción de que ya tenemos una medida de fe alguna, las palabras de Jesús van para nosotros también cuando le dice a sus discípulos que si tuvieran fe como un grano de mostaza harían grandes milagros. La segunda parte de este pasaje nos enseña a ser humildes en el servicio a Dios. Así como el siervo no puede demandar tratamiento especial por su servicio, así tampoco nosotros debemos de esperar esto. Sólo debemos conformarnos con ser fieles servidores de Dios, imitando el ejemplo de nuestra madre santísima que en su humildad es discípula modelo para nosotros. En esta semana propongámonos renovar los dones recibidos por Dios para poder dar fruto abundante de fe y de servicio a nuestro Señor en humildad y fidelidad.
     


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  • Lázaro y el Hombre Rico – 26 Domingo Ordinario Ciclo C
    En esta semana las lecturas nos llaman a practicar la caridad, volteando nuestra mirada hacia el pobre y el necesitado.  El vivir sin ayudarles es un gran pecado que Dios aborrece.
    Ay de ustedes
    En la primera lectura de este domingo tenemos una vez más las palabras del profeta Amós, esta vez manifestando uno de sus tres “ayes” o lamentos ante la situación del pueblo. Dios mandó a su profeta Amós con palabras de advertencia sobre la destrucción que se avecinaba ante el pecado del pueblo. El Señor denuncia a Judá (el reino del sur) por la desobediencia de la Ley del pueblo, mientras que el crimen de Israel (el reino del norte) fue el de abusar de los más pobres y desamparados de sus habitantes. El Señor encuentra detestable la actitud de aquellos que se la pasaban gozando de lujos como las camas de marfil, gozando de grandes banquetes y gozando de una buena música mientras las nubes grises de la venidera tormenta ya se divisaban (“la pérdida de José” se refiere a la derrota y destrucción del reino de Israel).  Estas palabras las debemos tomar en cuenta nosotros también.  Los signos de nuestros tiempos también apuntan a una temporada tormentosa.  ¿Cómo nos preparamos para estas pruebas?  La mayoría de nosotros nos preocupamos más bien por cómo obtener más riquezas, sin importar a quién dañamos, o que hacemos a un lado.  Aun hay tiempo de cambiar. Nuestro Dios misericordioso está aplazando el día de la venida triunfante de su hijo Jesucristo, con el fin de darnos la oportunidad de volvernos hacia él.
    Busca las virtudes  y no la avaricia
    En la segunda lectura, la exhortación de San Pablo a su joven colaborador Timoteo es precisamente de huir de este afán de acumular riquezas. Eso nunca en la historia de la humanidad ha hecho feliz a nadie, sin embargo nosotros nunca aprendemos y siempre caemos en esta trampa del enemigo. El consejo de San Pablo es debido a que algunos supuestos maestros cristianos se habían desviado del camino recto y se dedicaban a buscar enriquecerse a costa de la fe.  San Pablo nos recuerda que para el buen maestro que trabaja para el bien, techo y comida bastan para darse por pagado.  Un buen cristiano, y sobre todo un buen maestro cristiano deben más bien buscar las virtudes que sirven nuestra santificación y para el bien de la Iglesia. San Pablo enlista estas virtudes como la piedad, la fe, la caridad, la paciencia en el sufrimiento, y la dulzura (1 Tim 6,11). Piensa lo que sería tu vida, y la vida de la Iglesia, si reemplazáramos la avaricia por estas virtudes. La exhortación de Pablo para que Timoteo mantenga su “mandato” sin mancha ni culpa también va para todos nosotros. También nosotros en nuestro bautismo hemos recibido una encomienda, un mandato que nos une a la misión de Jesús de ser como él, fieles a la voluntad de Dios nuestro Señor, esparciendo la buena nueva de la salvación y siguiendo todo requerimiento de su santa ley.
    Lázaro y el Hombre Rico
    El evangelio de este domingo contiene un mensaje muy importante para nosotros. En aquel entonces, como hoy en día, mucha gente pensaba que a los pobres les iba mal por ser malos, o flojos o torpes. Como vemos en este pasaje, ni la prosperidad en la vida es premio para los buenos, ni la pobreza material es castigo por la iniquidad. El cómo nos va en la vida, aunque muchas veces va ligado a nuestro comportamiento, no siempre lleva una correspondencia directa con nuestra conducta. Para nosotros los cristianos la recta conducta es repuesta al llamado que tenemos como hijos de Dios, sin importar nuestro estatus social. Todos estamos llamados a la santidad, pobres y ricos, hombres y mujeres. El mensaje de la parábola no consiste en una condenación del rico por ser rico, más bien la condenación es cuando el rico viviendo en sus lujos no se acuerda del pobre. Todos nosotros estamos en una posición de ayudar. No importa en que situación vivas, siempre hay alguien en una posición aun peor a la que puedes ayudar.
    19 min
  • Nadie Puede Servir a Dos Amos-25 Domingo Ordinario Ciclo C

    Las lecturas de este domingo nos llaman a ser fieles, incluso en las cosas pequeñas, ya que esto nos entrena y nos condiciona a ser fieles en las cosas grandes.
    Dios escucha el lamento del pobre
    Las palabras del profeta Amós en la primera lectura van dirigidas a aquellos que tanto en aquel entonces, como en el día de hoy se aprovechan del pobre. El abuso del pobre es un crimen que se alza al cielo hacia los oídos de Dios. Este pecado enciende la ira divina y los culpables no escaparán la justicia de Dios si no se arrepienten. El abuso de los pobres lo describe el profeta como un pisotear a los pobres, es decir, primero una humillación de tirarlos al suelo, deshumanizarlos, ya que el hombre no pertenece en el suelo. Y también un segundo agravio, el de agredirlos físicamente. Esto no se le hace a ningún ser humano, en estos días ni siquiera a los animales, y mucho menos a los débiles y necesitados. Los malvados hacen esto y se pasan sus días esperando la oportunidad de aprovecharse de la gente. Por eso tú que eres cristiano, se recto en tus negocios, en tus tratos, y no pienses que lo que te robas es poco, ya que de poquito en poquito se llena el jarrito, como dice el dicho. Esto es muy cierto en nuestra vida, ya que el pecar, por pequeño que parezca el pecado, nos va condicionando a realizar pecados más y más grandes, hasta que llega el día en que nos encontramos en un estado de enemistad con Dios.
    Jesucristo, nuestro único mediador
    En la segunda lectura leemos las exhortaciones de San Pablo a Timoteo, y vemos como el cristiano está llamado a orar por todos, en especial por las personas en autoridad. En tiempos del Imperio Romano se le acusaba al cristiano de ser un enemigo del estado al no rendirle culto al emperador, sin embargo pasajes como el de esta segunda lectura muestra que el cristiano está llamado más bien a ser ciudadano modelo, buscando el bienestar de las autoridades para el bien común. Por eso también la Iglesia nos exhorta a participar en la vida pública votando y sirviendo en posiciones de autoridad de ser así nuestro llamado. El versículo cinco de este quinto capítulo se ha usado muchas veces para acusar a la Iglesia de ser idólatra en su respeto y veneración por la virgen María y los santos. “Hay un solo Dios, y también un solo mediador entre Dios y los hombres, Cristo Jesús,” nos dice el pasaje, y nosotros estamos de acuerdo, al saber que María y los santos nos apuntan el camino hacia Dios. Son mediadores no reemplazando al único mediador, sino en cooperación con él que es nuestro mediador.
    El administrador infiel
    En el pasaje del evangelio de este domingo nuestro Señor Jesús nos enseña una lección muy importante a través de la parábola del administrador infiel. Este administrador había malversado los bienes de su empleador y lo habían descubierto, ocasionando que su jefe le informara su intención de despedirlo del cargo. Al pedirle su jefe cuentas y verse a punto de perder su trabajo, como último recurso el administrador se dedica a rebajar las deudas de varias personas para así hallar favor con ellos y quizás encontrar trabajo con alguno de ellos en el futuro. Jesús alaba a este hombre por su capacidad de salir adelante diciendo que los hijos de la luz podemos aprender de esto. Algo similar les pasa a las personas que se lamentan por no saber de las Sagradas Escrituras o de la santa doctrina de la Iglesia. “No tengo tiempo,” o “soy muy lento para esas cosas,” son las excusas. Pero pregúntales a estas mismas personas sobre su novela o deporte favorito, y en seguida se vuelven en consumados expertos, conocedores de hasta el último detalle de la trama de la historia, o las estadísticas del juego. Ahí donde está nuestro interés está nuestro amor. Debemos dedicarle a las cosas de Dios al menos la misma cantidad de estudio que lo que le dedicamos a nuestras cosas favoritas. Finalmente, las lecturas de este domingo nos llaman a ser fieles,
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Lectura y reflexión de las lecturas de la misa dominical. Una ayuda para crecer en tu fe católica. Espero estas reflexiones te ayuden a tener un encuentro con Jesucristo.