La Palabra Contemplada

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La Palabra Contemplada episodes

  • La Misericordia del Padre-24o Domingo Ordinario Ciclo C
    En las lecturas de esta semana la Iglesia nos muestra el amor misericordioso del Padre, que busca siempre salvarnos del pecado en el que estamos envueltos.
    En la primera lectura del libro del Éxodo somos testigos del pecado del pueblo. No podemos jactarnos nosotros de ser mejores que ellos. Si habían sido liberados por Dios de la esclavitud de Egipto. Si habían presenciado su brazo poderoso al derrotar a las huestes del faraón. Pero igual somos nosotros. También nosotros nos hemos beneficiado de su gracia liberadora que por el bautismo nos ha salvado de la esclavitud del pecado. También nosotros hemos presenciado de sus obras en nuestras vidas. Nuestro pecado es aun peor, ya que nosotros conocemos al Mesías. El pecado de Israel es el querer tomar las riendas de nuestras vidas sin confiar en Dios. Lo mismo hacemos nosotros buscando nuestra felicidad, nuestra razón de ser fuera de Dios. Pero no todo está perdido. El pueblo tiene a Moisés, que como todo profeta intercede a favor del pueblo y gana la salvación del pueblo renovando la alianza con Dios. Esto nos debe alentar a también orar en intercesión por los hermanos, ya que la oración conmueve el corazón de Dios. Tampoco está nuestra causa perdida, ya que nosotros tenemos la gracia de tener a Jesús, el nuevo Moisés, quién también intercede ante Dios por nosotros y quien establece la nueva y definitiva alianza sellada con su sangre derramada como sacrificio en la cruz.
    En la segunda lectura oímos de la misericordia de Dios que transformó a Pablo de ser un gran pecador a ser ahora un apóstol del Señor. Quisiera que se nos quedaran bien grabadas las palabras del versículo 15 de este primer capítulo: “Es cierta y digna de ser aceptada por todos esta afirmación: Cristo Jesús vino al mundo a salvar a los pecadores; y el primero de ellos soy yo.” Queda encapsulado en estas palabras el fundamento de nuestra fe, el plan de Dios para la redención del mundo que es el propósito de la venida de Jesús. Vino a salvar a los pecadores, vina a salvarnos. San Pablo también nos expresa la humildad necesaria para encontrar a Cristo. “Jesús vino a salvar a los pecadores y el primero de ellos soy yo.”  Si yo no soy pecador no necesito entonces a Jesús. Por eso debemos doblar la rodilla y humillarnos, reconociendo nuestro estado. Dios sólo puede obrar en el corazón contrito.
    En el evangelio de hoy escuchamos esta gran enseñanza de la misericordia de Dios en la forma de tres parábolas. Las tres nos expresan el amor misericordioso de Dios que se alegra cuando se recupera lo perdido. Mucho nos falta para aprender de Jesús. El cena y se reúne con pecadores. Nosotros los rechazamos y los condenamos. Como Pablo deberíamos reconocer que de los pecadores nosotros somos los más grandes. ¿Cuándo vamos a entender que para ir al cielo tenemos que ser como Jesús? ¿Cuándo nos va a entrar en la cabeza que Dios lo que quiere es nuestra salvación? Como Jesús debemos extender el amor, el perdón y la misericordia de Dios. Como Jesús debemos de continuar sin desfallecer nuestra misión de invitar a todos a nuestro alrededor a experimentar el amor transformador de Dios. Como Jesús debemos vivir nuestras vidas apegados a la voluntad del Padre, debemos vivir una vida de acuerdo a su voluntad para nosotros, consientes de nuestro llamado como hijos de Dios. Este pasaje, junto con las palabras del papa Francisco en la proclamación del Jubileo Extraordinario de la Misericordia nos recuerdan que nadie está excluido del perdón de Dios. En esta semana y por siempre grábate en el corazón el hecho que Dios te ama y siempre te llama hacia él, y extiende este amor de Dios y su perdón hacia todos.
     
     


    Lecturas de este domingo: http://www.usccb.org/bible/lecturas/111019.cfm
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    16 min
  • Cargemos con Nuestra Cruz-23er Domingo Ciclo C
    En este domingo practiquemos la humildad que nos lleva a encontrar la sabiduría divina, y roguémosle a Dios que nos fortalezca con su gracia para cargar nuestra cruz y  continuar siempre adelante en nuestro camino hacia él.
    La Sabiduría de Dios
    Dice un conocido dicho: si quieres hacer reír a Dios, cuéntale tus planes. De lo absurdo y poca cosa que son nuestros planes y nuestro conocimiento apartados de la sabiduría de Dios trata la primera lectura. Por nuestros propios medios nada podemos saber de las cosas de Dios.  Para conocer a Dios y su voluntad para nosotros se requiere ante todo una medida de humildad. Humildad al reconocer que yo no soy el centro del universo, sino una creatura de Dios, insuflado con su espíritu y hecho a su imagen y semejanza. Nos dice la Escritura que poco es lo que sabemos de las cosas de la tierra como para querer saber de las cosas celestiales. Esto lo ilustra uno de los grandes intelectos de la historia, Santo Tomás Aquino, cuando dejó de escribir después de tener una visión de Dios.  Al preguntarle uno de sus asistentes al respecto, Tomás respondió que no podía seguir escribiendo después de esta visión, ya que en comparación a las cosas celestiales, sus escritos teológicos eran como paja.  Para acercarnos a Dios hay que hacernos humildes, ya que él a los humildes los colma de su sabiduría, la sabiduría que es el conocer y seguir su voluntad.
    Recíbelo como a mi mismo
    En la segunda lectura tenemos un pasaje de la carta más corta de San Pablo, la Carta a Filemón. Esta carta Pablo la escribe al dirigente de una comunidad, una iglesia local, Filemón, intercediendo por Onésimo. Onésimo era un esclavo propiedad de Filemón que aparentemente se había escapado, o había causado alguna perdida a Filemón. Onésimo se había convertido por la predicación de Pablo, y ahora le acompañaba. En esta carta vemos la gran dedicación de Pablo al servicio del Evangelio.  Aun estando en la cárcel se dedica a predicar y a convertir corazones a Cristo. Aun en esta condición Pablo se preocupa por sus hijos espirituales, y en está carta le escribe a Filemón para que lo trate gentilmente. Es evidente en esta carta que la predicación cristiana se extiende a todos, tanto ricos como pobres, esclavos o ricos. Pablo nos da el ejemplo y se muestra respetuoso de la ley, al intentar devolver a Onésimo con Filemón, en lugar de que se quede con él asistiéndolo. También nos muestra Pablo la perspectiva cristiana de que Dios actúa en todos los eventos de nuestra vida, tanto los que nos parecen malos, como los buenos. Aquí el escape de Onésimo sirvió para que conociera a Pablo y se volviera cristiano.  De esclavo Onésimo ahora es un hermano en Cristo. Para el cristiano “en todas las cosas interviene Dios para bien de los que lo aman” (Rom 8, 28).
    El que no carga su cruz y me sigue, no puede ser mi discípulo.
    En el evangelio de este domingo oímos palabras que suenan difíciles para muchos: “Si alguno viene junto a mí y no odia a su padre, a su madre, a su mujer, a sus hijos, a sus hermanos, a sus hermanas y hasta su propia vida, no puede ser discípulo mío.” Las personas que quieren mucho a sus padres pueden sentirse incómodas y preguntarse si se refiere Jesús a su situación.  Lo que quiere decir Jesús aquí es que si hay alguna situación en donde a alguien se le de la elección entre seguir a Cristo o tenerle lealtad a la familia, en estos casos se le debe amar más a Cristo.  Tenemos algunos ejemplos de la vida de los santos, donde las personas sentían un llamado a entregarse a Dios siguiendo la vida religiosa y sus familias estaban opuestas, como fue el caso en la vida de Santa Clara y Santo Tomás de Aquino. No nos dice Jesús que dejemos de amar a la familia, sino que tenemos que amarle más a él. El primer mandamiento tiene prioridad sobre el cuarto, si nuestros familiares son un obstáculo en seguir la voluntad de Dios.  El otro punto del evangelio de hoy es el compromiso que conlleva seguir a Cristo.
    16 min
  • El que se enzalse sera humillado- 22o Domingo Ordinario Ciclo C

     
    En las lecturas de este domingo la Iglesia nos invita a ser humildes, ya que el ser humildes nos lleva a ser como Dios.
    La humildad agrada a Dios
    La primera lectura del libro de Eclesiástico nos enseña la lección que Dios ama a los humildes y rechaza a los orgullosos, y nos exhorta a actuar con humildad para así ser bien recibidos, y recibir el favor de Dios.  Y esta humildad es algo que debemos ejercitar en todo lo que hagamos, no solamente cuando estemos en una posición más alta o mas baja.  Nuestro llamado es a ser humildes en todo.  El comentario que hace el autor de no estudiar lo que nos sobrepasa puede que sea una reacción de un maestro judío conservativo dirigida al estudio de la filosofía griega.  Este libro data de la primera parte del segundo siglo antes de Cristo, durante un tiempo en que la cultura griega ejerció una gran influencia, y quizás causaba a unos a alejarse de la practica de la fe judía.  El consejo que sigue enseguida es el de ocuparse mejor de los mandamientos de Dios que de las cosas misteriosas.  En el versículo 29 se nos encomienda el mejor aprender de la sabiduría de Dios: los proverbios, las parábolas, etc., con un oído atento, que esto es lo que nos hace verdaderamente sabios.
    La superioridad de la Alianza con Cristo
    La segunda lectura de la Carta a los Hebreos nos recuerda los signos de la manifestación de Dios durante el establecimiento de la Alianza de Dios con Moisés en el monte Sinaí – el fuego, oscuridad, tinieblas, huracán, etc.  Todas estas manifestaciones causaron gran miedo en el pueblo, a tal punto que los Israelitas temieron por su vida y le pidieron a Dios que no les hablara mas.  El autor de esta carta contrasta entonces estos eventos de la Antigua Alianza con la venida del Mesías en el monte Sión y el establecimiento de la Nueva Alianza para la Iglesia, la Nueva Jerusalén.  Esta es una visión del cielo, donde están reunidos miríadas de ángeles, los santos, y Dios.  Santo Tomás de Aquino comentando en este pasaje nos dice que parte de la felicidad del cielo consiste en ver la asamblea de los santos en el cielo (la otra parte siendo la visión beatifica).  Al final del pasaje el autor menciona como parte de este contraste entre las alianzas, lo que hace posible la Nueva Alianza: la sangre de Cristo derramada por nuestra salvación.
    Hay que ser humildes sin esperar nada a cambio
    En el evangelio oímos también sobre el tema de la humildad, que es algo tan necesario para la salvación, que Jesús continuamente lo menciona. El evangelio de Lucas en particular vemos un gran énfasis en la humildad: María en su humildad es la esclava del Señor y esta misma humildad merita que Dios se fije en ella.  La parábola con la que Jesús nos enseña contiene un gran mensaje para nosotros.  En la parábola, el consejo para su huésped y los invitados es de no buscar los lugares de honor, sino más bien sentarse en los lugares menos prominentes, para así poder ser honrados.  De manera paralela podemos aplicar esto para nosotros: debemos ser humildes en este mundo, para que Dios nos otorgue un lugar de honor en el banquete del cielo.  Jesús también tiene palabras fuertes para las personas que hacen el bien, únicamente cuando reciben algún beneficio a cambio.  Nos dice:
    “Cuando des una comida o una cena, no llames a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a tus vecinos ricos; no sea que ellos te inviten a su vez y tengas ya tu recompensa. Cuando des un banquete, llama a los pobres, a los lisiados, a los cojos, a los ciegos; y serás dichoso, porque no te pueden corresponder, pues se te recompensará en la resurrección de los justos.”
    Debemos de aprender a hacer el bien sin esperar nada a cambio; nada terrenal, ya que nuestra recompense será la comunión eternal con Dios.  En esta semana practiquemos la caridad con los necesitados sin esperar recompensa alguna.
     


    Lecturas de este domingo:
    15 min
  • Luchen por entrar por la puerta estrecha-21 Domingo Ordinario Ciclo C
    En el evangelio de este domingo le preguntan a Jesús ¿son pocos los que se salvan? Para llegar al cielo es necesaria la fe en Dios y seguir sus mandamientos.  El seguir sus mandamientos como todos sabemos, no es cosa fácil para nosotros que vivimos en el mundo.  Es más bien una constante lucha contra las fuerzas opuestas a Dios, las fuerzas del mundo y de la carne. Oremos para que Dios nos de la gracia de vivir con el en la Jerusalén celestial.
    Dios reune a los dispersados
    En la primera lectura oímos de la última parte del libro del profeta Isaías el propósito que tiene Dios con los que habían sido exiliados.  El viene a reunirlos después de su dispersión.  La unidad del pueblo de Dios es su deseo, y esta unión nos permite ver la fama y gloria divina.  Dios los reúne de todas las esquinas del mundo, con estas ciudades mencionadas en la lectura localizadas en los puntos más retirados del mundo entonces conocido.  El punto de reunión es la ciudad santa de Jerusalén, donde pueden una vez más reanudar el culto al Santo de santos, y donde incluso algunos de ellos servirían a Dios como sacerdotes y levitas.  La aplicación de esta lectura a nuestros tiempos es que también a nosotros que por el pecado nos habíamos separado de él, él nos reúne, nos sana, nos reconcilia.  El punto de reunión es la Santa Iglesia Universal, que recibe a todo hombre y mujer de buena voluntad en nombre de Jesucristo.  La Iglesia es la Nueva Jerusalén que reúne a todos para rendirle verdadero culto al Señor y para guiarnos a nuestro destino, la Jerusalén celestial.
    Dios nos corrige como un padre a sus hijos
    La segunda lectura proveniente de la Carta a los Hebreos nos ofrece una metáfora de Dios como un padre que disciplina a sus hijos.  Y ofrece como ejemplo citando al libro de Proverbios 3:11-12 “ No deseches, hijo mío, la corrección del Señor, ni tengas aversión cuando Él te reprenda.”  Y estas palabras nos las ofrece a nosotros cuando leemos su palabra en las Escrituras y sentimos como nos advierte contra nuestra conducta.  Estas palabras de corrección no deben de dolernos u ofendernos.  Hagamos a un lado el orgullo y la soberbia de querer pensar que sabemos más que Dios, que orgullo y soberbia fueron lo que hicieron diablo del ángel más bello.  Cuando Dios nos reprende por medio de las Escrituras, o la predicación de sus ministros, debemos tomar sus palabras coma las palabras de un Padre amoroso que sabe las consecuencias del pecado, y quiere evitárnoslas.  Consideremos la grandeza de tener el privilegio de ser considerados hijos de Dios y de tener así un Padre que quiere lo mejor para nosotros, que quiere nuestra salvación, y que para lograrla a veces tiene que corregirnos.
    ¿Son pocos los que se salvan?
    En el evangelio de este domingo San Lucas describe una pregunta que la humanidad constantemente le preocupa: ¿cuántas personas son las que se salvan?  La respuesta de Jesús no contesta la curiosidad humana, sino que nos dice que la puerta es estrecha, y hay que luchar para lograr la entrada.  Es nuestra fe que Dios tiene una voluntad salvífica universal; es decir, que quiere que todos se salven.  Incluso los que no conocen a Dios sin ser culpables de su ignorancia también pueden alcanzar la salvación en la medida en que obedezcan los dictámenes de su consciencia (ver Lumen Gentium 16).   La respuesta de Jesús nos indica que se requiere un esfuerzo.  Para llegar al cielo es necesaria la fe en Dios y seguir sus mandamientos.  El seguir sus mandamientos como todos sabemos, no es cosa fácil para nosotros que vivimos en el mundo.  Es más bien una constante lucha contra las fuerzas opuestas a Dios, las fuerzas del mundo y de la carne.
    Enseguida Jesús procede a enseñarnos por medio de una parábola que no es suficiente conocer al Señor y a su predicación para entrar al banquete; lo que se ...
    15 min
  • Estén Listos-19 Domingo Ordinario Ciclo C
    “De común acuerdo se impusieron esta ley sagrada.” – Sabiduría 18:9b
    En la primera lectura de este domingo el libro de la Sabiduría nos habla de aquella noche previamente anunciada, refiriéndose a la noche de la liberación del pueblo de Dios de la esclavitud de Egipto. Este es uno de los ejemplos que nos da este libro de la Sabiduría de la providencia de Dios con su pueblo durante el Éxodo. La liberación del pueblo es para darle la libertad de rendirle culto a Dios. La salida de Egipto es la culminación de los castigos para sus enemigos y la manera en que Dios llama para sí a su pueblo. El sacrificio secreto que los santos ofrecían se refiere al sacrificio de la Pascua indicado a ser celebrado por Dios para marcar su salida esa noche y para siempre. Estos eventos marcan el llamado del pueblo de Dios, y vemos cómo todo esto los une, compartiendo los bienes y los peligros, como nos dice la lectura. Esta es la unidad que debemos tener todos los que servimos a Dios. Para nosotros la fuente de la unidad es el verdadero Cordero Pascual, nuestro Señor Jesucristo sacrificado en la cruz y ofrecido en el sacramento de unidad por excelencia, la Sagrada Eucaristía.
    “La fe es la forma de poseer, ya desde ahora, lo que se espera y de conocer las realidades que no se ven.” – Hebreos 11;1
    La segunda lectura de este domingo, de la Carta a los Hebreos, nos habla de la fe, con esa clásica definición con la que abre el pasaje: “La fe es la forma de poseer, ya desde ahora, lo que se espera y de conocer las realidades que no se ven.” De este tema se han escrito bibliotecas enteras. La fe es para nosotros el inicio de la salvación, y con la ayuda de la gracia, es la virtud con la cual creemos en las cosas reveladas por Dios. Nuestros antepasados en la fe, los patriarcas, son recordados y reconocidos por su gran fe, expresada en su confianza en los designios de Dios. Abraham y Sarah son presentados como grandes ejemplos de fe al confiar en el Señor, y por eso ellos son nuestros padres en la fe. Ante este ejemplo es que nuestra propia fe en Dios debe ser medida. Como Abraham, ¿obedecemos a Dios aunque implique hacer algo difícil? ¿Cuántos de nosotros elegimos el pecado antes de pasar por una dificultad? Como Abraham, ¿acaso confiamos en la promesa de Dios de cuidarnos cuando pasamos por momentos difíciles, o llegamos a dudar de su existencia? Ojalá que podamos experimentar la confianza en Dios y saber que su gracia nos acompaña en las dificultades.
    “Consíganse unas bolsas que no se destruyan y acumulen en el cielo un tesoro que no se acaba.” – Lucas 12:33
    En el evangelio de este domingo Jesús nos llama a tener confianza en Dios y no temer, que Dios al hacernos sus hijos lo que quiere es hacernos partícipes de su Reino. Recordando al rico necio de la semana pasada, aquí Jesús nos recomienda despojarnos de nuestros bienes y dárselos a los pobres. En vez de construir graneros donde almacenar el grano, Jesús nos invita a hacer bolsas que no se deterioran, que podrían ser unas vidas llenas de virtud abiertas a la gracia de Dios. Lucas en su evangelio nos recuerda una y otra vez el considerar nuestro actitud hacia las cosas materiales. Sea cual sea nuestro estado en la vida, ya sea ricos o pobres, hay que recordar que estamos aquí de paso, y las cosas de este mundo un día ya no serán más. Hay que tener cuidado de no poner nuestra esperanza en las riquezas, sino también nosotros un día correremos la misma suerte del rico necio. Que la bondad de Dios con nosotros mueva nuestro corazón al desprendimiento de los bienes terrenales, para mostrarnos más bondadosos con los necesitados.
     


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    19 min
  • Guárdense de la Codicia-18o Domingo Ordinario Ciclo C

     
    En las lecturas de esta semana nos recuerda Jesús de guardarnos de perseguir los bienes materiales y caer en la codicia. Practiquemos mejor el hacernos ricos de bienes espirituales, que es la riqueza que no perece, sino que florece y nos da fruto abundante de salvación en Cristo.
     
    Vanidad de Vanidades
    La primera lectura de este domingo abre con las famosas palabras: “vanidad de vanidades, todo es vanidad.”  Debemos considerar que en el lenguaje original hebreo, vanidad no tiene el mismo significado que la palabra tiene para nosotros de un orgullo excesivo sobre nuestra persona.  Vanidad en hebreo significa “un soplo de viento,” o “un respiro,” como por decir, algo insignificante.  Aun con el preocuparse y trabajar arduamente, uno nunca sabe si esto se le va a quedar a alguien que también laboró, o a alguien que no trabajó para merecérselo.  En otras palabras, el predicador se está preguntando si vale la pena esforzarse tanto.  Como lo expusimos anteriormente en la decimotercer semana, la vida cristiana consiste de un balance entre el trabajo y la contemplación.  Esta lectura nos recuerda a mantener este balance y no desgastarnos enteramente en nuestra labor, por más buena y digna que sea.  ¿Cuántas veces no escuchamos el lamento de padres que por dedicarse por completo al trabajo perdieron el amor de sus hijos? O lo que es peor, por tanto trabajar no se dedicaron a educarlos bien, y terminaron los hijos en malos pasos.
     
    Busquen las Cosas de Arriba
    En la segunda lectura de la Carta a los Colosenses se nos recuerda que para nosotros los que vivimos en Cristo, los resucitados por el Bautismo estamos llamados a vivir con la vista al cielo, es decir, viviendo de acuerdo a la manera en que Cristo nos enseñó.  Los cristianos estamos llamados a vivir y hemos sido habilitados por la gracia, para una vida más elevada, una vida sobrenatural donde reina el amor de Dios.  Cuando nos dice el texto que nuestra vida está oculta en Cristo quiere decir que ahora nuestras buenas obras están escondidas, pero con su segunda venida al final de los tiempos se revelarán, y así seremos glorificados en Cristo.
    Aunque hemos sido purificados por la gracia bautismal, y hechos coherederos de la gloria del cielo en Cristo, la tendencia a pecar, que es resultado del pecado original, se mantiene en nosotros.  Por eso aun tenemos que acudir a la ayuda de la gracia de Dios para luchar contra la tentación y purificarnos de lo que es terreno.  Para entrar al cielo debemos convertirnos más y más como Dios, es decir debemos ser santos.
     
    ¿Quién me hizo juez entre ustedes?
    En el pasaje del evangelio me parece que Jesús tiene una actitud parecida a la del predicador del Libro de Eclesiástico de la primera lectura.  ¡Qué vana es una disputa sobre una herencia, considerando que finalmente nada nos llevamos de este mundo!  Jesús categóricamente rechaza la petición de actuar como mediador en la disputa, y responde con la advertencia en contra de poner nuestra confianza en la riqueza.  ¿De que sirve trabajar para los bienes materiales y olvidarnos de los bienes espirituales?  Los bienes materiales son los que realmente cuentan para nuestra felicidad eterna.  ¿Cuáles son los bienes espirituales? –Las virtudes, el seguir los mandamientos, el practicar las obras de misericordia, en fin, todo lo que nos convierte y nos hace más como Jesús.  ¿Cómo podemos vivir con esta misma actitud?  Un paso definitivo lo podemos tomar recordando que no somos eternos.  Nos va llegar el día de nuestra muerte, y ese día las riquezas y la manera en que las obtuvimos nos van a pesar en la balanza de nuestro juicio.  En esta semana practiquemos el hacernos ricos no de bienes materiales, sino de la riqueza que no perece, sino que florece y nos da fruto abundante de salvación en Cristo.




    Lecturas de este domingo: http://www.
    17 min
  • Señor, Enséñanos a Orar-17o Domingo Ordinario Ciclo C
    Las lecturas de este domingo nos muestran el poder de la oración para mover el corazón de Dios que quiere que nos dirijamos hacia él como hijos a su padre.  Entreguemos nuestras vidas al Padre de Jesús y Padre nuestro quien busca la unión eterna con nosotros.
    Dios es Compasivo
    En la primera lectura del libro de Génesis, el Señor comparte con Abrahán su intención de extender su castigo a las ciudades de Sodoma y Gomorra por sus grandes pecados.  Aquí es donde Abrahán se muestra como profeta, con su petición de intercesión a favor de los inocentes de estas poblaciones.  Este pasaje nos presenta, aun con la dinámica un tanto exagerada, una importantísima discusión: ¿tiene precedencia la justicia de Dios que su castigo debe realizarse aun a costa de los inocentes?, o ¿viene primero su misericordia, que con tal de no destruir a los inocentes se aplaza el castigo de los culpables?  Como sabemos por multitud  de pasajes (ver por ej. Ex34:6 “Entonces pasó el Señor por delante de él y proclamó: El Señor, el Señor, Dios compasivo y clemente, lento para la ira y abundante en misericordia y fidelidad”) y lo hemos mencionado ampliamente, la misericordia de Dios toma precedencia.
    Este pasaje es frecuentemente usado para condenar a las personas homosexuales, ya que la homosexualidad fue el pecado que finalmente colmo la paciencia de Dios y lo hizo destruir a Sodoma y Gomorra.  Lo que mucho menos frecuentemente vemos es la oración de intercesión realizada por Abrahán.  ¿Oramos por la conversión de las personas, aun de los pecadores?  Nos olvidamos que nosotros también somos grandes pecadores y de la inmensidad de gracia que nuestro Señor Jesús ha derramado para nuestra salvación.
    Hemos Muerto en Cristo
    En la segunda lectura de la Carta a los Colosenses oímos que somos sepultados con Cristo por nuestro bautismo. ¿Qué significa esto?  San Pablo mismo nos ofrece la respuesta en su Carta a los Romanos 6:3: “¿O es que ignoran que cuantos fuimos bautizados en Cristo Jesús, fuimos bautizados en su muerte?”  Nosotros al ser bautizados hemos compartido de la muerte de Jesús, él en la cruz, nosotros al pecado.  El bautismo marca el inicio de nuestra vida en Cristo, el principio de nuestro ser “otros cristos” en el mundo.  El objetivo de nuestra vida como cristianos es volvernos más y más como Cristo.  Y este objetivo da inicio con una completa identificación con Cristo en el bautismo.  Y todo esto por la fe en la resurrección de Jesucristo.  La fe viene antes del bautismo, y la fe viene de la proclamación de la Palabra.  Por eso es labor crucial de todos en la Iglesia dedicarnos a la evangelización.  Muchos han sido bautizados y no han conocido a Jesús.  Quizás nosotros mismos también necesitamos una re-evangelización, o una nueva evangelización, al haber tenido un encuentro con Jesús que ahora necesita reforzarse, renovarse, revitalizarse para dar nuevos frutos.  Con el bautismo hemos sido perdonados de nuestros pecados, lo que es más grande es que aun siendo pecadores, con su muerte Jesús nos ha dado la vida, tomando todas nuestras culpas clavándolas en su cruz.
    Señor, enséñanos a Orar
    En el evangelio de este domingo oímos la respuesta de Jesús a la pregunta de sus discípulos “Señor, enséñanos a orar” –el Padre Nuestro.  Jesús no solamente nos dio una formula a seguir –cuantos negocios hoy en día nos quieren vender formulas infalibles para ser felices, para bajar de peso, para ganar dinero.  Jesús nos enseña con su ejemplo.  Él frecuentemente se alejaba del bullicio de la gente para entrar en oración.  En los momentos más importantes de su ministerio-antes de elegir a sus discípulos, en su bautismo, en su agonía en el huerto, él siempre está en oración.  El siempre está en oración, y nos invita a hacer lo mismo.  Tal es el comportamiento de Jesús que causa la curiosidad de sus discípulos con esa petición –“Señor, enséñanos a orar.”  La respuesta a la petición es la oración universal, el Padre Nuestro.
    21 min
  • Maria ha Elegido la Mejor Parte-16o Domingo Ordinario Ciclo C

    Las lecturas de este domingo nos recuerdan que hay que mantener un balance.  La vida activa sin oración será estéril y no brindará frutos.  El pasarse todo el día en contemplación sin ayudar al necesitado, o descuidando nuestra familia tampoco agrada a Dios.  Todo en balance.   En esta semana recuerda la hospitalidad de Abraham y practícala con todos, sobre todo con tus seres queridos.  También recuerda unir tus sufrimientos a los dolores de Jesús en la cruz y recuerda mantener un balance entre la vida activa y la contemplación.
    “…para entonces, Sara, tu mujer, habrá tenido un hijo.” – Génesis 18:10a
    En la primera lectura de este domingo oímos la anunciación del nacimiento del hijo de Abraham y Sarah, hijo que les vendría ya en su vejez. Este texto ha fascinado a los biblistas a través de los tiempos, ya que contiene una teofanía, o sea una manifestación de Dios, en medio de circunstancias un tanto misteriosas. La dificultad proviene del hecho de que el pasaje comienza declarando “Un día, el Señor se le apareció a Abraham,” mientras que un poco mas adelante el pasaje se refiere a “tres hombres que estaban de pie ante él.” El saludo de Abraham añade al misterio, ya que el hebreo puede ser traducido en el singular “mi Señor” o en el plural “mis Señores.” Algunos comentaristas opinan que se trata de tres ángeles, San Agustín dice en un comentario que eran dos ángeles y Cristo entre ellos, otros dicen que los tres representan a la Santísima Trinidad. Sea lo que sea, la presencia de Dios es manifestada en ellos, y podemos ver esto de la manera en que Abraham los recibe, postrándose ante ellos. La invitación a tomar “un poco de agua” y “un bocado de pan” es una atenuación tratando de minimizar el gran banquete que Abraham manda a preparar (gran cantidad de harina para unas tortas, lo mejor del ganado, etc.). Esto es en parte por la hospitalidad que distingue a las gentes del desierto, donde la hospitalidad para los extranjeros puede ser cuestión de vida o muerte, y también por el hecho de que Abraham reconoce en ellos algo mas que tres extranjeros. Que la meditación de este texto nos lleve a profundizar en nuestro amor por Dios, quien todo nos da.
    “Ahora me alegro de sufrir por ustedes, porque así completo lo que falta a la pasión de Cristo en mí.” – Colosenses 1:24
    En la segunda lectura oímos palabras que nos suenan un tanto extrañas a nuestros oídos modernos. En una sociedad como la nuestra, donde siempre estamos buscando el placer, el ocio, la distracción, suena extraño oír a alguien decir “me alegro por mis padecimientos.” A diferencia de la gente en la sociedad hoy, que busca evitar el dolor y maximizar el placer, para nosotros los católicos el sufrimiento puede tener un carácter redentivo. Gracias al sacrificio de Jesús en la cruz, nosotros podemos unir nuestros sufrimientos a los de Jesús, y darle giro a esta situación penosa. De tratarse de algo malo, al ofrecerle nuestro sufrimiento a Dios lo convierte en fuente de gracia. De hecho esto es lo que San Pablo se refiere cuando dice “completo lo que falta a las tribulaciones de Cristo.” No porque con su muerte Cristo no haya completamente efectuado nuestra salvación, sino porque ahora para aplicar los méritos de su pasión nosotros tenemos que cooperar soportando nuestras propias pruebas y uniéndolas a los dolores de Jesús en su pasión. Por eso, en tu oración ofrécele a Dios tus sufrimientos y únelos a los dolores de Cristo en su pasión, para tu santificación y para el bien de la Iglesia.
    “Marta, Marta, muchas cosas te preocupan y te inquietan, siendo así que una sola es necesaria.” – Lucas 10:41
    En el evangelio de este domingo la Iglesia nos propone el pasaje de las hermanas Marta y María, que junto con Lázaro a quien Jesús resucitó, eran una familia muy cercana a nuestro Señor. Qué bonito es cuando la familia entera ama al Señor, y todo lo que hacen, toda labor, tiene como propósito alabar a Dios.
    19 min

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Lectura y reflexión de las lecturas de la misa dominical. Una ayuda para crecer en tu fe católica. Espero estas reflexiones te ayuden a tener un encuentro con Jesucristo.