A Carol le gustaba presumir que había sido esposa de Ted Bundy, el itinerante asesino pluralista que atravesó Estados Unidos de costa a costa sacrificando mujeres. Carol había estado casada varias veces (a los 35 años llevaba tres matrimonios), pero nunca con Ted. Fue una más de las mentiras de una prominente mitómana. En realidad, si somos más exigentes, Carol estaba muy alejada del tipo de mujer que agradaba a Ted: joven, delgada, estudiante universitaria, cabello largo oscuro, de rostro hermoso. Carol era rubia, obesa, miope y empalagosa con los hombres. Pero había algunas cosas que Carol tenía en común con Ted: en primer lugar el apellido, además de la pasión por mentir, la gula sexual y, lo más importante, el asesinato y la necrofilia.
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