Este verano tuve el gran placer de pasar un tiempo por la gran tierra andaluza, en concreto por Sevilla. Y como era verano la cerveza debía correr a raudales para aliviar un poco el calor que hemos pasado. Allí lo que se lleva es la Cruzcampo. Y en eso que me encontraba con Pierre Le Sommelier que me hizo la siguiente pregunta: ¿Te has fijado que en los anuncios de cerveza Cruzcampo nadie la prueba?
Me puse manos a la obra a escudriñar en la red algunos de los vídeos de la marca y en ninguno de los que ví encontré a nadie que bebiera ni un solo sorbo de Cruzcampo.
Significativo me parece que en el anuncio de este verano de 2015 presuman de tener una cerveza que es la que mejor sabe en el primer trago, que está servida a -2ºC, que no tenga espuma de más y que se vean decenas de personas partiéndose de risa, riendo mucho, a carcajada limpia, felices y contentos y que sostengan todos un vaso de cerveza. Todos sostienen el mismo, el típico vaso de caña. Todos están llenos y nadie, nadie de todas esas personas es capaz de llevarse la cerveza a la boca.
Uno llega al final del anuncio y piensa, “ahora, ahora va el tío y bebe un trago”. Pero no, el joven hace un brindis, choca el vaso contra el de su compañera, se vuelve a reir y deja la cerveza en la barra.
Qué grande es Cruzcampo. La cerveza es tan buena que consiguen que en lugar de beberse, sea una excusa para reir mientras se calienta en el vaso.