Ese guiño a Shakespeare al empezar el anuncio, ese ser o no ser llevado a la calidad y el ahorro en una cosa como lavar… Es estúpido. Casi tanto como que en un su anuncio haya una mujer en un supermercado con su hijo planteándose ese dilema y de repente le aparezca un zorro que camina sobre dos patas y habla. Lleva camisa blanca, pantalones azules, cinturón dorado, guantes blancos, zapatos de hebilla y pajarita azul que salta sobre el borde de su carro de la compra en perfecto equilibrio. Lleva una botella de Dixan en una mano que tiene, literalmente, tres cuartas partes del volumen total de su cuerpo. Eso es insostenible para un zorro como ese. Un zorro nunca haria eso. Lo más inquietantes es que ni el niño ni su supuesta madre se sorprenden lo más mínimo de esa intromisión, es más, al parecer lo invitan a su casa y se mueve y salta por los muebles como le da la gana, pisándolo todo.
Se vuelven a repetir los roles de la mujer que lava y cuida de los hijos. La cuestión ya no es escoger entre calidad y ahorro sinó entre camisa o camiseta y va el zorro con todo el morro y dice que ahora sí, que esa es la manera inteligente de lavar. Inteligente, retrógrada, absurda y un poco surrealista.