El año 1955, el Hotel Crillón se llenó de estupor ante los cinco tiros con que la escritora María Carolina Geel dio muerte a su joven amante, Roberto Pumarino.
La extrañeza, la ausencia de razones para el crimen, la exquisita ausencia del mundo, se nos revela en el texto que la escirtoa elabora mientras se encuentra recluida en la Cárcel de Mujeres.