Es el 17 diciembre 1939. Hace frio.
Nuestra historia no empieza ya hablando de Leonarda, empieza con otra persona.
Otra mujer.
Faustina Setti. Faustina era guapa, ese día se había preparado, maquillado, peinado para una ocasión especial.
Cogió el tren para visitar a su tarotista de confianza.
Cuando llegó a la consulta, ella quiso saber si iba a conocer el amor. El amor verdadero.
“claro que si, veo a un hombre, guapo alto, rico” dijo la tarotista.
Faustina estaba contenta, tan contenta y emocionada que pidió un vaso de agua para calmar esa feliz noticia.
La tarotista le dijo que no, mejor una copa de vino para celebrarlo.
Pero en esa copa había somníferos.
La tarotista seguidamente cogió un hacha y la mató.