¿Puede alguien vivir fuera de orden sin saberlo? Israel tenía la promesa, tenía la identidad, tenía la carta de Jeremías — y seguía operando desde la lógica del exilio. Lo mismo nos pasa hoy.
En este sermón exploramos por qué el ser humano busca alivio en los lugares equivocados, cómo las cosas buenas — el matrimonio, el trabajo, el ministerio — se convierten en cisternas que no retienen agua, y por qué el Evangelio no promete sacarte del exilio sino reinstalar el orden dentro de él.
Jeremías 2:13 lo dice sin suavizarlo: dos son los pecados. Abandonar la fuente. Y construir cisternas propias que parecen sólidas hasta que llega el momento de mayor necesidad.
La fuente está corriendo. La grieta está expuesta. No la pintes más.