Este capítulo narra el avance de Alejandro Magno, quien conquista numerosos territorios y extiende la cultura griega. Después de su muerte, su imperio queda dividido entre sus generales, y finalmente Antíoco IV Epífanes llega al poder.
Antíoco saquea Jerusalén y profana el Templo. Impone las costumbres griegas y prohíbe prácticas fundamentales de la Ley, persiguiendo a quienes permanecen fieles a YHVW Dios. Muchos judíos son obligados a abandonar sus tradiciones y adorar a otros dioses.
El capítulo muestra cómo la presión política y cultural intenta destruir la identidad y la fe del pueblo, preparando el escenario para la rebelión de los Macabeos.