Pablo y Bernabé continúan su viaje misionero predicando en varias ciudades como Iconio, Listra y Derbe. En Iconio, muchos creen en Jesucristo, pero también surge oposición que los obliga a huir.
En Listra, Pablo sana a un hombre cojo de nacimiento, y la multitud, confundida, intenta adorarlos como dioses. Sin embargo, ellos rechazan la adoración y enseñan que solo YHWH es el Creador digno de honra.
Más adelante, Pablo es apedreado y dado por muerto, pero sobrevive y sigue predicando con valentía. Finalmente, regresan fortaleciendo a los discípulos, exhortándolos a permanecer firmes en la fe, recordando que es necesario pasar por muchas pruebas para entrar en el Reino de YHWH.
Un capítulo que resalta la perseverancia, el poder de Dios y la fidelidad en medio de la persecución.