El boschismo en general y sus criaturas políticas partidarias en particular son la ideología y prácticas de la corrupción desplegada desde el Estado y el poder político, una doctrina que idealice y sublimice esas actitudes y prácticas son necesidades e instrumentos para el subyugamiento y opresión del imperialismo, sus monopolios y sus peones del régimen oligarquía, que acaudilla la iglesia católica vaticano apostólica romana y el cristianismo, incluidas significativamente las perversas y supersticiosa sectas protestante evangélicas; el espíritu abominable y despreciable de la traición, como de la falta de escrúpulos y la ausencias de convicciones o sea la inexistencias de ideales y doctrina de metas de transformaciones y de fines económicos sociales nacionales educativos y culturales con vistas a la emancipación y a la igualdad; que encarna y confluye como su plataforma, el alma de la pequeña burguesía y la burguesía social reformista, para empeñarse en dar forma a la ideología y la concepción decadentistas y de bancarrota oportunista burguesa y pequeño burguesa que aquí ha terminado siendo los que sus acólitos llaman boschismo, por cuanto el leproso moral y sustentador de la gangrena política gaseosa Juan Emilio Bosch Gaviño, se esmeró en asumir como tarea suya sistematizar las ignominias e infamias en un todo; a su entender con carácter coherente y armonioso no obstante su admisión y reconocimiento de que socialmente su base material era el amasijo inconsistente y pantanoso de la pequeña burguesía en cuya cúspide o nivel más alto debería estar el estamento suyo poseedor de más recurso y poder que sería precisamente la burguesía nacional liberal con devaneos de “revolucionarismo” así entre comillas que la fórma imperecedera de Marx define como el estamento que protesta antes los de más arriba pero que no deja de temblar de miedo y temor ante los de abajo, ósea el pueblo y sus masas, todo lo que necesariamente ha culminado siendo lo que se tiene por delante y resultado espurio final, la entronización del pantano pestilente y putrefacto de la corrupción el decadentismo la desmoralización y su inevitable secuela pesimista y derrotista lo cual de por si incita a ser inevitablemente combatido y a derrotarlo por cuanto pone en riesgo de muerte hasta a la sociedad a la nación y al mismo estado nacional ya sea al nivel del país o cualquier otro país que lo haga suyo, a ese conglomerado casi único de la burguesía liberal socialreformista y la pequeña burguesía los concita e identifica su temor a la proletarización, y así están inclinados de forma fatal a la corrupción en general pero de manera especial a la corrupción política y al uso del estado para su salvación o su supervivencia; el boschismo y su creador el leproso moral con su gangrena política gaseosa es el primer responsable directo, en la configuración y sublimación, creando una falsa concepción en lo ideológico, en tantos y en cuanto quienes la ostentan y cimbrean como los hacen sus herederos continuadores y discípulos, sobretodo y muy especialmente los de la ultimas de sus criaturas mostrenca abominables suyas del leproso moral producto de su infértil e infecto contagioso bajo vientre de espía pagado de la CIA como del FBI, como de agente político mercenario a sueldo de los gobiernos yanquis a través de su departamento de Estado; que es el antro ignominioso Palido Pelegato Boschista que detenta el poder por quinta ocasión, siendo consecutivas las ultimas terceras y cuarta con dos figuras tan detestables como repugnantes el gánster Murmullo el Dañino Medina y el capo de tuti cappi el bastardo Leonel Antonio Reyna alrededor de los que se conglomera un amasijo que solo es comparable con la nauseabundamente celebre organización 10 de Diciembre de Luis Bonaparte de la que con trazos geniales nos habla Carlos Marx en su “18 Brumario de Luis Bonaparte” ........(escúchelo por completo)