El reino del Espíritu Santo, el reino de la Paz, llegará sólo si ocurre el milagro de Pentecostés en el corazón de cada hombre y el Espíritu Santo llevará a término una niva creación.
La vida misma del Padre Kentenich es modelo espiritual y una escuela para transformarnos, unidos a Cristo y a María, en activos co-creadores de la historia.
El padre J. Kentenich nunca vio a María separada de Cristo. Su ser está unido en una insondable comunidad de vida, amor, destino, sufrimiento y fecundidad con Jesús su Hijo.
El Espíritu Santo actúa con predilección allí donde encuentra a María Santísima, esforcémonos pues, por sellar también nosotros una Alianza de Amor con el Espíritu Santo.