Transpiramos la adrenalina y efervescencia de la vida hacinada en grandes metrópolis, tenemos todo lo que necesitamos y lo que no al alcance de un dedazo en el celular. Tejemos comunidades frente a la individualidad en masa y en ellas lloramos picos de estrés por tratar de sobrevivir. Lamentablemente sobre el color ambar del atardecer reposa un manto de un gris muy leve que advierte el final. No hay más aire, no hay más agua, no hay más vida que aguante. Y es asà como en este mosaico de torres altas y luces led, cada dÃa dibujamos un trazo de nuestra firma en esta carta que asegura una extinción pronta. Es por ello que el desarrollo de una conciencia planetaria y comunitaria es la génesis de la nueva existencia, nuestra única posibilidad de vida.