San Juan de la Cruz se dedicó abnegadamente a la dirección espiritual. Él consideraba que era absolutamente necesario para todos el guía, pues nadie sería capaz por sí solo caminar sin equivocarse. Dirá en Dichos de luz y de amor: "El alma sola, sin maestro, que tiene virtud, es como el carbón encendido que está solo: antes se irá enfriando que encendiendo. El que a solas cae, a solas se está caído y tiene en poco su alma, pues de sí solo la fía. Pues no temes el caer a solas, ¿cómo presumes de levantarte a solas? Mira que más pueden dos juntos que uno solo".